Alocución del P. Arturo Sosa, con ocasión de la conmemoración del 5º aniversario del martirio del Padre Frans van der Lugt (Homs, 6 de abril de 2019).

Alocución del P. Arturo Sosa, con ocasión de la conmemoración del 5º aniversario del martirio del Padre Frans van der Lugt (Homs, 6 de abril de 2019).

Eminencia, Excelentísimos Señores Obispos, queridos Compañeros jesuitas, queridos padres, hermanas y hermanos:

El encontrarme con vosotros, aquí en Homs, en la víspera del quinto aniversario del martirio del Padre Frans van der Lugt, es, para mí, un momento particularmente importante y conmovedor. No dudé un momento en aceptar vuestra invitación. El venir a Siria, el conocer el lugar donde el P. Frans vivió tantos años, el ser uno más entre tantos peregrinos que han dado gracias por lo que su vida ha significado, aun no habiéndolo conocido, era para mí un deseo, ciertamente un deseo ardiente desde la primera vez que oí hablar de él.

El Padre Frans, refiriéndose a su vocación y su llamada a la Compañía, escribió en sus notas personales: “La persona humana me fascinó; quería un encuentro con él más profundo, y caí en la cuenta de que ello era solamente posible, vaciándose uno mismo para poder encontrarse con el otro. Sin embargo, este don de sí mismo supone un largo camino, porque, en cualquier momento, siempre tiene uno algo más, y por tanto más que entregar”.

En la homilía de su primera misa, al día siguiente de su ordenación, el 30 de mayo de 1971, el P. Frans declaró: “Solamente cuando mis manos están vacías, puedo realmente acoger a otro; para llenar mis manos con él, y darle espacio en mis brazos; para llamarle por su nombre y hablar su idioma. (...) Encontré todo esto, en alguien que me fascina en la profundidad de mi ser, un hombre que fue capaz de vivir simplemente, con las manos vacías: Jesús de Nazaret. Sabiendo cómo vivir con las manos vacías, siempre liberó espacio en su vida, para su Padre, y para sus compañeros como seres humanos”.

Estas palabras, no sólo eran proféticas; constituyeron el esquema diario de su vida, su filosofía, su actitud existencial como discípulo de Jesucristo. Amó este país, Siria, y sus muchas y diversas gentes, con las que estuvo en contacto durante casi cincuenta años, y a quienes se entregó a sí mismo, hablando su lenguaje, recibiendo todo de ellos, y presentándose a ellos, él mismo, con las manos vacías. Toda su vida se desarrolló en perfecta armonía y en sintonía con estos principios, y su martirio fue el resultado natural de todo lo que había experimentado.

Durante los dos años de voluntaria prisión aquí, entre 2012 a 2014, el P. Frans se entregó él mismo a cualquiera, soportando el hambre y algunas veces la persecución. Se negó a abandonar su puesto, mientras los otros estaban todavía confinados allí. Tuvo que renun­ciar a todo, excepto su esperanza y fe en la vida y en la resurrección. Aquí está lo que escribió en 2012 sobre los más de cuarenta refugiados musulmanes a los que acogió en la comunidad jesuita por unos cuantos meses: “Esta gente tiene una creencia natural en la Pascua. Bajo los bombardeos tuvieron que escaparse. Perdieron todo, pero no perdieron su fe en la vida. Todavía podían sonreir, ayudar, y hacer felices a sus hijos. Desnudos y con las manos vacías, pasaron por la muerte hacia la promesa de vida. Su fe no era, en modo alguno, superficial, sino que brotaba de un surtidor de vida que permanece profundamente arraigada en su tierra”.

Mi predecesor como Superior General de la Compañía de Jesús, el P. Adolfo Nicolás, res­pondió a una pregunta que se le planteó en junio de 2014, sobre si todavía había santos contemporáneos en la Compañía. Mencionó el nombre del P. Frans, y dijo: “El P. Frans era muy consciente de que marchaba directamente hacia el martirio. Pudo haber dejado este lugar y estuvo presionado para hacerlo; pero eligió compartir el sufrimiento de su gente. Por eso fue asesinado. Su muerte fue el supremo testimonio”. Me hará muy feliz, si Dios quiere, trabajar para que se pueda abrir la causa del P. Frans van der Lugt, para que pueda ser un modelo de entrega personal y santidad para este país, Siria, y para toda la Iglesia.

Quiera el Señor darnos su gracia, por intercesión del P. Frans, para continuar nuestra misión con el coraje, determinación y esperanza, especialmente en este país donde ha habido tantas pruebas y tanto sufrimiento, y donde los retos para el futuro de reconciliación y paz continúan siendo tan urgentes e inmensos.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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