Jubileo de los Pobres: Una carta de la COP30

Por Daniela Alba | Coordinadora de incidencia, Secretariado para la Justicia Social y la Ecología

Queridos amigos, hermanos y hermanas,

Al celebrar el Jubileo de los Pobres, les escribo desde Belém do Pará, Brasil, donde se está llevando a cabo la COP30. El Secretariado para la Justicia Social y la Ecología (SJES), junto con más de 30 socios y colaboradores, ha estado activamente presente en este evento, impulsando la Campaña “Jesuitas por la Justicia Climática: Fe en Acción en la COP30”. Hoy deseo hablar sobre la experiencia de la pobreza, que con frecuencia se limita a una falta de posesiones materiales. La pobreza se percibe comúnmente como la falta de dinero, acceso, equidad o necesidades básicas. Sin embargo, la verdadera pobreza es mucho más profunda y se manifiesta de muchas formas, afectándonos a todos.

La pobreza no es solo la ausencia de riqueza material; es también una condición espiritual. Mientras la brecha económica entre ricos y pobres se amplía frente a la crisis climática, el desplazamiento forzado y las guerras alimentadas por corporaciones privadas cada vez más codiciosas, debemos resistir la tentación de considerar “los pobres”, a aquellos que son las víctimas de estas violaciones. Debemos reconocer también la pobreza de quienes perpetúan y financian tal sufrimiento. Se puede poseer toda la riqueza del mundo y aun así ser pobre –careciendo tolerancia, encarnando la indiferencia o practicando apatía selectiva ante verdades incómodas como los impactos de la crisis climática. La pobreza espiritual, como enseña las Bienaventuranzas, es la conciencia de nuestra necesidad de gracia, misericordia y amor, una apertura humilde más allá de nuestra propia realidad.

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Marginalizar a otros solo por estatus económico, clase social o conocimiento académico es ignorar esta verdad. La riqueza material sin generosidad, solidaridad, justicia, y amor es otra forma de pobreza que endurece el corazón y nos separa de la fraternidad humana y de Dios. Ningún tipo de riqueza puede compensar esta pobreza. Al escuchar el grito de la Tierra y de los pobres, debemos tener el valor de reconocer que “los pobres” también somos nosotros, no solo los más vulnerables o menos responsables de estas crisis, sino también quienes creen que su distancia del sufrimiento los exime de responsabilidad. La Tierra, rica en biodiversidad y recursos, nos confronta con nuestro deseo de controlarla, olvidando que somos parte de ella. Tal actitud dominadora revela una pobreza interior, que nos permite aferrarnos al confort y la indiferencia.

Este Jubileo de los Pobres nos invita a reflexionar sobre esta pobreza profunda. A quienes juzgan a los pobres o ignoran su sufrimiento, a quienes ven a los desplazados solo como contribuyentes económicos, a quienes consideran la indigencia como elección o tratan la trata como un problema aislado: sepan que la pobreza también significa soberbia, aislamiento, codicia, vacío espiritual y falta de esperanza. Ser verdaderamente ricos es reconocer nuestra dignidad compartida y acoger con misericordia y justicia, especialmente a quienes protegen el 80% de la biodiversidad de la Tierra siendo menos del 5% de la población mundial.

Por ello, humildemente pido que no nos conformemos solo con comodidades materiales, conocimientos académicos o estatus social. Todos debemos esforzarnos, sea cual sea nuestra condición, por vivir con humildad y compasión, derribando los muros de prejuicio y exclusión en nuestro mundo y en nuestros corazones. Seamos ricos en amor, generosos en solidaridad y comprometidos con la justicia. Solo así podremos encarnar verdaderamente el llamado de este Jubileo a la fraternidad y la justicia, y caminar juntos como peregrinos de esperanza, cuidándonos mutuamente y respetando nuestro único hogar común.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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