Las PAU son inspiradoras… y pueden inspirar a la juventud de Myanmar

Por Titus Tin Maung, SJ

Al acabar el mes de Ejercicios en el año 2000, nuestro maestro de novicios nos dijo que nos habíamos vuelto más humanos. En lo que a mí respecta, me tomé sus palabras literalmente. Lo consideré una confirmación de que había hecho bien el retiro. Desde entonces han ido cambiando la imagen que tengo de mí mismo, mi imagen de Dios y mi visión general del mundo. A lo largo de los años ha ido creciendo silenciosamente en mí un fuerte interés por la espiritualidad ignaciana, que me ha proporcionado un camino liberador para avanzar y para desplegar todo mi potencial como persona. Un jesuita es un pecador, y, sin embargo, amado y llamado por Dios para participar en su incesante tarea creadora en el mundo. Esta perenne intuición jesuita ha permanecido alojada en lo profundo de mi memoria.

Soñando con que otros pudieran descubrir el camino ignaciano hacia Dios, mi superyó no dejó escapar casi ninguna oportunidad. Poco después de mi ordenación sacerdotal, acepté dirigir retiros ignacianos para grupos grandes y pequeños de jóvenes y de religiosos de diferentes congregaciones y de todas las edades. El número de retiros ha aumentado hasta casi 400 en los últimos tres años. La adaptación de los Ejercicios ignacianos siempre ha sido muy importante. Los retiros predicados en grupo han sido a menudo más asequibles que los personalizados para la mayoría de la gente, en el contexto de Myanmar. En cualquier caso, el tema básico de cualquier retiro ignaciano predicado incluye el aspecto del ser «pecador y sin embargo amado». A veces, ofrezco una pequeña muestra de la temática de cada semana de los Ejercicios, en pequeñas dosis, a los religiosos de mediana edad en sus retiros anuales de seis u ocho días.

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En medio de estas actividades, nada me ha deleitado más que la lectura de la primera Preferencia Apostólica Universal de la Compañía de Jesús: fundamentar a la gente en los Ejercicios Espirituales y el discernimiento. Pocos meses antes de que las PAU se hiciesen públicas, mi propuesta de hacer un curso de espiritualidad ignaciana había sido aprobada por el superior de la misión de Myanmar. Una sensación de confirmación corrió por mi espalda mientras leía la primera PAU. Mi exposición personal a la espiritualidad ignaciana había tenido lugar sobre todo a través de mis largos años de formación jesuita y mis ejercicios anuales de ocho días. Encontrarme ahora explorando la rica herencia espiritual de Ignacio en el Jesuit College of Spirituality, en Melbourne, Australia, solo puedo verlo como una Providencia divina. Ahora, a la mitad del curso, me doy cuenta de que mi conocimiento de la rica tradición ignaciana era mínimo.

En estos momentos sigo soñando con más ilusión. Me atrevo a pensar que el conocer en profundidad la tradición ignaciana debería proporcionarme flexibilidad creativa en la tarea de poner a más gente en el camino ignaciano hacia Dios. Un viaje de mil millas comienza dando un paso. Yo he empezado a dar algunos pasos en mi viaje a la tierra prometida de la espiritualidad ignaciana. «Magis» es una palabra mágica que me pone una sonrisa en la cara a lo largo de este viaje espiritual personal.

«Magis» ha sido también un camino hacia los corazones de los jóvenes de Myanmar. He tenido el privilegio de colaborar en el nacimiento del programa Magis en la «tierra dorada» de Myanmar. La Misión de Myanmar de la Compañía de Jesús (MMSJ) desarrolló su primer programa nacional Magis en 2019. Participaron activamente unos 120 jóvenes de las 16 diócesis. Además de los jóvenes católicos, también se unieron un chico musulmán, una chica budista y algunos cristianos de otras denominaciones. Durante el programa, los participantes tuvieron contacto con una leprosería, con los discapacitados, con un orfanato y con los recolectores de basura de la ciudad; también hicieron una peregrinación. El examen de conciencia diario guiado después de las actividades ha ayudado a los participantes a ser más conscientes no solo de sí mismos, sino también de las personas menos afortunadas de su entorno. Muchos han aprendido a apreciar más el regalo de la vida y la naturaleza a través del programa. En respuesta a la Laudato Si' del Papa Francisco, el grupo de jóvenes de Magis Myanmar ha plantado miles de árboles. Esto puede haber sido como una gota en el océano; sin embargo, una gota significativa. Con ello se trata de inculcar la conciencia de la naturaleza en la mente de nuestros jóvenes.

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Magis ha sido realmente un instrumento eficaz con el que la Misión de la Compañía en Myanmar debería seguir tocando los corazones de muchos más jóvenes del país. Es claramente un medio muy importante para acompañar a los jóvenes, que durante mucho tiempo han estado privados de programas creativos de formación humana, debido al sistema político opresivo del país. Para MMSJ, estar cerca de los pobres es estar cerca de los jóvenes. Estos carecen de un buen sistema educativo, de oportunidades económicas y de alfabetización política. A través del programa Magis, MMSJ tocará los corazones y estimulará las mentes de muchos más jóvenes. Esta es mi esperanza, y estoy dispuesto a jugar un papel en ello.

Colaborar en todas las actividades anteriores con las PAU en mente, ha enriquecido mi vida como joven jesuita. Las PAU han sacado a la luz verdaderamente la riqueza original de la visión y la espiritualidad ignacianas; no solo me han proporcionado nuevos ojos para mirar el mundo, sino también pasos concretos para avanzar hacia él.

[Artículo de la publicación "Jesuitas - La Compañía de Jésus en el mundo - 2021", por Titus Tin Maung, SJ]

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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