Recordando el legado del Padre A. T. Thomas, SJ
Por Sanil Mayilkunnel, SJ
Peregrinación a Punyabhoomi
Los 24 tercerones jesuitas del St Stanislaus College (SSC) de Sitagarha, han peregrinado con sus instructores hasta Punyabhoomi (tierra santa), en el valle de Karanpura, en Jharkhand, sagrado lugar del martirio del padre A. T. Thomas. El valle, enclavado en una zona rica en minería, ha sufrido durante décadas una intensa explotación por parte de empresas como la National Thermal Power Corporation (NTPC) y, más recientemente, la Adani Corporation. Eso ha cubierto la tierra de un oscuro manto de polvo de carbón. El P. Thomas, sacerdote jesuita de la Provincia de Hazaribagh, era originario de Kerala, y se sintió profundamente afectado por las injusticias a que se enfrentan las comunidades dalit y tribales de la India, tan marginadas. Al ser testigo de la explotación sistemática que vivían las comunidades Mahadalit en Bihar (ahora Jharkhand), su determinación de defender a los oprimidos no hizo más que fortalecerse.
El P. Thomas, con otros compañeros jesuitas, trabajó en el seno de las comunidades Mahadalit, logrando capacitarlas para liberarse de largos años de estructuras opresivas. Los jesuitas trabajaron incansablemente para garantizar su derecho a la tierra, para proporcionarles asistencia jurídica y lograr oportunidades educativas para sus hijos. Eso permitió a las familias superar la explotación basada en las castas que había marcado su existencia. La incesante defensa del P. Thomas condujo a un logro trascendental cuando, con su ayuda, 15 familias de trabajadores en régimen de servidumbre se liberaron estableciéndose en Azadi Nagar, en lo que bautizaron acertadamente como “Pueblo de la Libertad”. Esta audaz toma de postura hizo que el poder de los terratenientes locales se sintiera amenazado, provocando reacciones violentas y una escalada de amenazas. A pesar de que el Provincial, velando por su seguridad, lo envió a estudiar al extranjero, el compromiso del P. Thomas con su misión no se vio afectado. Estudiante en Filipinas, su corazón se mantenía con la gente a la que servía, hasta que en 1997 regresó a Jharkhand para proseguir su trabajo de campo.
El celo del P. Thomas acabó costándole la vida. Con motivo del trabajo de campo hubo de intervenir en una situación en que unos hombres disfrazados de policías agredían a unos dalit. Cuando lo reconocieron como el jesuita que desafiaba sus prácticas explotadoras, lo golpearon brutalmente y se lo llevaron a rastras. El 24 de octubre de 1997, su cuerpo torturado y decapitado apareció en el bosque, señalando el trágico final de una vida dedicada a la justicia. Hasta hoy no se ha encontrado su cabeza. Su muerte, que pretendía silenciarlo, consolidó su legado como mártir. Hoy, Punyabhoomi, lugar de su martirio, atrae a miles de personas cada año que conmemoran su sacrificio y extraen fuerzas para continuar la lucha por la justicia.
La Provincia jesuítica de Hazaribagh y otros grupos religiosos, como la Congregación Franciscana Clarisa (FCC), mantienen vivo el legado del P. Thomas. Los jesuitas, con su centro de acción social llamado Prerana (Inspiración), han creado 54 centros de enseñanza para niños dalit en 54 pueblos de tres distritos de Jharkhand: Hazaribagh, Chhatra y Koderma. Estos centros, dirigidos por jóvenes de la localidad, alientan la autoestima de la comunidad dalit y le proporcionan, como algo fundamental, acceso a la educación, preparando a los estudiantes para los exámenes del Estado y para otras oportunidades futuras. En una sociedad que sigue atada por las desigualdades sistémicas y de casta, estos centros encarnan el poder transformador de la educación y ofrecen una vía hacia la autonomía y la mejora de esa comunidad.
El P. Pankaj Paul Kujur, SJ ha tenido ocasión de explicarnos que, cada 24 de octubre, cerca de 2.000 personas se reúnen en Punyabhoomi para honrar el martirio del P. A. T. Thomas, y alzan sus voces en una conmovedora súplica: “AT Baba, por favor, vuelve... necesitamos educación, necesitamos carreteras, necesitamos nuestras tierras, estamos en la oscuridad...”. Su espíritu sigue presente en estas reuniones y en la tranquila resistencia de aquellos a los que transmitió su espíritu. El sacrificio del P. Thomas es un poderoso recordatorio del valor que necesitamos para enfrentarnos a la injusticia y del profundo impacto que puede tener una vida. Con su vida y con su muerte él dio voz a los marginados, dejando un legado de fe y amor en la búsqueda constante de la justicia.
Padre A. T. Thomas, SJ.







