Arraigados en el servicio: Encuentro de jesuitas sobre migración, fe y compañerismo
Por Shane Liesegang, SJ
El Grupo de Escolares y Hermanos (SBC) de la Conferencia de los jesuitas del Asia-Pacífico (JCAP) ha celebrado recientemente su encuentro anual de Navidad, organizado esta vez por el Centro de Espiritualidad Ignaciana de Cebú, en Filipinas. Un grupo de cuarenta y cinco jesuitas en formación de toda la Conferencia, más algunos representantes de América del Norte y Europa, se han reunido durante ocho días para compartir, orar y aprender.
El tema de la reunión de este año era “Afrontar el cambio: la dinámica migratoria en Asia-Pacífico y la experiencia filipina”, que dio lugar a que la mayoría de los ponentes compartieran sus puntos de vista sobre el trabajo que desarrolla la Compañía con migrantes y refugiados, en la región y en todo el mundo. El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS - Jesuit Refugee Service) significa ya una importante intervención en este campo, pero no fue poco lo que los participantes pudieron aprender acerca de la Red de Migrantes y Refugiados de la JCAP, de los ministerios sociales y los diversos esfuerzos que se hacen en torno a la ecología y a la reconciliación con la creación. Por otra parte, escolares y hermanos de varios países presentaron la dinámica migratoria de sus propios países y cual está siendo la respuesta de la Compañía. La migración global es un fenómeno que no cesa, que está en pleno crecimiento y que seguirá marcando la vida durante el siglo XXI; fue inspirador y consolador ver que la Compañía está preparada para afrontar esta realidad y para ayudar a los que lo necesitan.
Dado que Cebú es un importante centro histórico y religioso de Filipinas, los escolares y hermanos no olvidaron visitar la Basílica Menor del Santo Niño de Cebú, cercana a la cruz original, erigida por Fernando de Magallanes y que conmemora la llegada del cristianismo al país. Los participantes conocieron además la historia de la Compañía en esta ciudad, recorriendo elJesuit House Museum, fascinante entrecruzarse de la historia local con la de la Compañía. Esta casa, que data de 1730, se descubrió, como parte de un almacén, en la década de 1960 y desde entonces se ha convertido en uno de los mejores museos históricos de la ciudad. Recibió al grupo el propietario, Jimmy Sy, muy orgulloso de su trabajo y hombre que siente gran afecto por la Iglesia y por la Compañía de Jesús.
Pero la reunión no se agotó en los aspectos más propios de una sesión de trabajo. En el orden del día encontraron también su hueco las celebraciones de Navidad. Se celebró la misa de Nochebuena en la parroquia del Sagrado Corazón que llevan los jesuitas, y el día siguiente se pasó en el Tambuli Seaside Resort, donde el deporte, la comida y la relajación proporcionaron adecuado telón de fondo a la solemnidad. Las reuniones nocturnas tras la cena y varias salidas sociales dieron ocasión a que los participantes disfrutaran de la mutua compañía, a la vez que acogían la llegada de la Encarnación.
Hacia el final de este tiempo de convivencia, tuvo lugar una inmersión de 24 horas en la sede que Lapu-Lapu tiene en Janssenville. En este lugar los Misioneros del Verbo Divino(SVD)han construido una pequeña aldea, que promueve una vida más digna y segura para los que residen en el entorno de un cercano vertedero. Los miembros del SBC, en parejas, se insertaron en sendas familias locales que así se convertían en sus anfitriones de acogida durante ese período. Antes y después de la inmersión, el padre Heinz Kulüke (ex Superior General de los SVD) y el padre Rogelio Bag-ao (actual Superior Provincial) acompañaron a los participantes ayudándoles a reflexionar sobre esta experiencia.
Se percibía en el ambiente un profundo espíritu de generosidad, ya que las familias que acogían a los participantes compartieron con ellos sus sencillas comidas e incluso les invitaron a participar en el karaoke familiar que siguió a la misa dominical. El papel de los Misioneros del Verbo Divino fue fundamental, pues nos ayudaron a reflexionar, en clima de oración, sobre la diferencia entre nuestra pobreza consagrada y la indigencia involuntaria en que vive gran parte del mundo, al tiempo que animaban a los escolares y hermanos a pensar como nos relacionamos con esas comunidades. ¿Como salvadores que vienen a arreglar las cosas, o como quien se siente solidario porque nuestra propia salvación está ligada a la salvación de todos? Este tiempo de inmersión fue rico e impactante, y muchos jesuitas comentaban la cantidad de sorpresas sobre las que deberían seguir orando.
Esta reunión de hombres en formación ha puesto de relieve la dimensión global y a la vez profundamente personal que tiene nuestra misión como jesuitas. Al abandonar Cebú, los participantes en el SBC se llevaban algunos conocimientos nuevos sobre la migración y sobre las respuestas que a ella da la Compañía, pero a la vez se llevaban el calor de la hospitalidad y unos renovados lazos de amistad en el Señor. Su modo de hablar de los que sufren en el mundo había adquirido un significado nuevo, tras haber vivido, aunque solo sea brevemente, la realidad de los marginados. En todos estos aspectos, la reunión había cumplido los objetivos que pretende la formación de la Compañía, combinando trabajo intelectual, reflexión espiritual y contacto directo con aquellos a quienes tratamos de servir.







