Convertirse en un verdadero prójimo de los trabajadores inmigrantes en Corea

Por Ju-chan Albert Kim, SJ | Provincia de Corea
[De la publicación “Jesuitas 2025 - La Compañía de Jesús en el mundo”]

Los jesuitas coreanos fundan Yiutsari para ayudar a los trabajadores emigrantes. Y entonces, se dan cuenta de que estos emigrantes marginados les están ayudando a ser no solo “buenos samaritanos”, sino mejores discípulos de Jesús.

Tras la Guerra de Corea (1950-1953), el gobierno coreano animó a los coreanos a salir al extranjero en busca de trabajo para mejorar sus precarias condiciones económicas. En los años sesenta y setenta, más de dos millones fueron a Alemania como enfermeros y mineros. Muchos otros se unieron a tripulaciones de pescadores de altura y a equipos de trabajadores de la construcción en Oriente Próximo.

Desde entonces, sin embargo, Corea del Sur ha experimentado un fuerte y rápido desarrollo económico, hasta el punto de que, en 2007, la ONU la identificó oficialmente como país receptor de trabajadores inmigrantes. Actualmente se calcula que hay más de 1,2 millones de trabajadores migrantes en Corea, principalmente de países del este asiático. Con el rápido envejecimiento de la población coreana y la baja tasa de natalidad, este número aumenta cada vez más rápido.

En 2004, la Provincia de Corea puso en marcha el Centro Jesuita para Trabajadores Migrantes, Yiutsari (Acompañar al Prójimo). Se inspira en la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37). Movidos por la compasión, como el buen samaritano, tratamos de proporcionar a estos emigrantes marginados ayuda práctica, como asistencia jurídica para cuestiones laborales, refugios dignos, clases de coreano, acompañamiento al hospital, servicios religiosos y mucho más.

Uno de los proyectos emblemáticos de este apostolado es un programa educativo en línea que proporciona información a los trabajadores inmigrantes en su lengua materna sobre la legislación laboral coreana básica. Trata temas como la retención de salarios y los accidentes laborales. De hecho, las encuestas han revelado que el importe de los salarios impagados es enorme, supera los 100 millones de dólares estadounidenses cada año; y aumenta drásticamente a medida que crece el número de emigrantes. Para ayudar a los trabajadores a proteger sus derechos e intereses, produjimos videoclips sobre quince temas presentando la legislación laboral coreana en los idiomas de los tres principales países de origen: Camboya, Vietnam y Tailandia. Publicamos cuadernos en línea en estos idiomas, así como en las principales lenguas de Filipinas, Myanmar y Nepal. El acceso se facilita en sus teléfonos inteligentes mediante códigos QR.

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Junto con otras organizaciones, participamos en el movimiento de denuncia penal contra la retención de salarios. Esta práctica se considera una cuestión estructural social y no un comportamiento inmoral personal del empresario contra los empleados. Aprovechándose de las limitaciones lingüísticas de los trabajadores y de su falta de comprensión del sistema social coreano, los empresarios los explotan; y los funcionarios de trabajo tienden a no investigar activamente los casos desde el punto de vista de la víctima. Las pérdidas monetarias y la angustia emocional resultantes recaen sobre los trabajadores y sus familias. Al igual que Jesús en su trato con los mercaderes del Templo (Jn 2,14-17), intentamos acabar con esta práctica corrupta y establecer formas de proceder adecuadas, basadas en la justicia social.

La aceleración de la emigración desde países de amplia diversidad lingüística y sociocultural crea barreras difíciles de superar. Como en el caso de las multitudes hambrientas que los discípulos de Jesús encontraron en el desierto (Lc 9,10-17), las necesidades son abrumadoras y no son simples necesidades humanitarias. Los trabajadores emigrantes tienen hambre de amor verdadero. Jesús dice a sus apóstoles y nos dice a nosotros: “Dadles de comer” (Lc 9,13). Así que intentamos darles lo mejor, en primer lugar, atendiéndoles en su camino “entre Jerusalén y Jericó”.

A través de Yiutsari, nosotros, los jesuitas coreanos, hemos comprendido que Jesús nos llama a participar en el misterio de la encarnación, el misterio del Hijo que comparte enteramente la vulnerabilidad de la humanidad. Jesús nos invita a ser como buenos samaritanos, a compartir las dificultades y los dolores de los trabajadores emigrantes como si fueran nuestros mientras caminamos con ellos. A la luz de la fe, estas personas vienen a nosotros no solo como personas necesitadas, sino como dones de Dios para nosotros. Son mediadores que nos conducen al camino encarnado de salvación de Jesús. Viajando con ellos, nosotros mismos nos hacemos más verdaderamente humanos. A lo largo del viaje, nos convertimos en parte del Pan.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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