Los Superiores jesuitas celebran el Jubileo de la Esperanza con una peregrinación a través de la Puerta Santa
La escena era muy devota... la suave luz del atardecer otoñal mientras el sol se ponía, una brisa fresca, más de 100 jesuitas caminando juntos en una procesión devota, recitando salmos, cantando al unísono...
En la tarde del 19 de octubre, los participantes en la Reunión de Superiores Mayores se reunieron como peregrinos en un momento espiritual integrado en el programa de la reunión de diez días. Estos hombres, a quienes se ha confiado el cuidado de las Provincias y Regiones de la Compañía de Jesús, hicieron una pausa en sus deliberaciones y reflexiones para encarnar el tema que el Papa Francisco ha invitado a la Iglesia a redescubrir a lo largo de este año: la esperanza cristiana que no defrauda.
Guiada por la cruz jubilar, la procesión avanzó lentamente y en actitud de oración desde la Piazza Pia de Roma por el camino que conduce a la basílica de San Pedro. La Puerta Santa de la basílica, que solo se abre en los años jubilares, se alzaba ante ellos como umbral tanto literal como espiritual, una invitación a la renovación, la reconciliación y el compromiso renovado con la misión. La procesión en sí misma se hacía eco de la antigua tradición de peregrinación que ha marcado durante mucho tiempo el camino católico de fe.
Al llegar a la entrada de la basílica, cada Superior cruzó individualmente la Puerta Santa con reverencia. En el interior, se reunieron ante el altar mayor, donde recitaron juntos el Credo. A continuación, concluyeron la peregrinación delante de la basílica recitando conjuntamente la oración oficial del Año Jubilar.
La peregrinación puso de relieve el carácter global de la Compañía de Jesús. Estos Superiores proceden de todos los continentes y representan un rico mosaico de culturas, lenguas y experiencias. Sin embargo, en ese momento, estaban unidos, no por la geografía o el gobierno, sino por una vocación compartida y una esperanza común.
Para algunos de ellos, era la primera oportunidad de atravesar la Puerta Santa del Vaticano durante el Año Jubilar. Para otros que ya habían tenido la oportunidad de hacerlo antes, fue una renovación de su compromiso cristiano. En conjunto, la peregrinación fue un acto colectivo de devoción que nutrió a cada participante. El hecho de caminar juntos, de cruzar la Puerta Santa uno al lado del otro, se convierte en una metáfora de la misión jesuita: ser peregrinos de la esperanza en un mundo que anhela la sanación.





















