¿Quién cuenta cómo jesuita? Un breve papal de 1546 respondió a una pregunta – y planteó otras
Por Wenceslao Soto Artuñedo, SJ | Archivum Romanum Societatis Iesu (ARSI)
El 5 de junio de 1546 Paulo III firmó el breve “Exponi nobis”, que abordaba cómo hombres que no formaban parte del grupo original de presbíteros altamente cualificados de la Compañía podían, no obstante, pertenecer a ella y servir a su misión. El breve lo hacía estableciendo el grado de coadjutor –quienes asisten, ya sea en el ámbito espiritual o temporal– en sus dos formas: presbíteros para ayudar en ministerios espirituales como la predicación, la confesión y la enseñanza, y laicos para asuntos materiales y administrativos. No obstante, el secretario de la Compañía Juan Alfonso de Polanco, indicaba que no había de vincular exclusivamente al sacerdote con coadjutor espiritual ni al laico con temporal, dependiendo de la misión que desarrollaran.
Con este breve se solucionaba el problema de los “jesuitas sin papeles”, aquellos presbíteros que no tenían la cualificación académica del grupo parisino fundador, o aquellos laicos que no tenían vocación presbiteral, pero se sentían atraídos por la Compañía. Los primeros fueron dos parientes de Francisco Javier, los hermanos Eguía y Jassu, Diego (sacerdote) y Esteban (laico), que habían sido incorporados en 1536, antes de la fundación de la Compañía, y por eso los tomamos como prototipos del coadjutor espiritual y temporal.
Diez años después, Ignacio ofreció al Papa tres posibilidades para incorporarlos: 1) por medio de tres votos simples,de pobreza, castidad y obediencia, a los cuales quedarían obligados el tiempo que el Prepósito General o sus sucesores juzgasen conveniente; 2) dos votos de pobreza y castidad perpetuos; 3) vivir en pobreza, castidad y obediencia el tiempo que estuvieran en la Compañía, sin voto, y con libertad para salir de ella.
Primera página de las opciones para regular los coadjutores, presentada por Ignacio al Papa en 1546, Biblioteca Capitular de Toledo, España.
El breve elige la primera posibilidad, por lo que se debían admitir coadjutores si eran necesarios, y dimitirlos si no lo eran. Desde el principio, algunos interpretaron que la temporalidad valdría tanto para las personas como para la misma institución de coadjutor.
El grado de coadjutor espiritual se aplicó después a los jesuitas que noconseguían en la formación la excelencia académica esperada, y al perfil de los temporales, las Constituciones asignaron solo los servicios domésticos, por lo que no podían emprender más estudios de los que disponían al entrar. Esas tareas fueron sobrepasadas pronto, en la práctica, especialmente con el ingreso del primer arquitecto, Giovanni Tristani en 1552.
Concedía el Papa también que los coadjutores (temporales) pudieran ser promovidos al presbiterado. Este fue el caso de Bernardino Descalcio, admitido en 1542, ordenado veinte años después, en 1562. Igualmente se permitía al Padre General, nombrar coadjutores espirituales que después pudieran hacer la profesión, práctica descrita por Polanco en 1547.
Ignacio y sus colaboradores establecían muy pocas diferencias entre coadjutores espirituales y los temporales, pero el tema de los grados acabó por convertirse en un problema, especialmente el de coadjutor espiritual, pues crear jerarquías entre los presbíteros era, y sigue siendo, una novedad exclusiva de la Compañía.
En el siglo XX ha cambiado en la práctica la integración en la vida y misión de los coadjutores temporales y su formación en la Compañía; ha surgido un nuevo perfil de hermanos jesuitas, una riqueza para la Compañía – una cuestión que aún espera su plena expresión en el derecho propio de la Compañía.
El Hno. Bento de Goes, uno de los hermanos coadjutores que sirvió a la misión de la Compañía, Santuario de Loyola, España.







