45º aniversario del JRS – Mensaje del Superior General de los jesuitas, Arturo Sosa SJ
Mensaje del Padre General
“Este año celebramos el 45º aniversario del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS).
Es una gracia marcada no solo por los años, sino también por la fe, la compasión, el acompañamiento constante y, sobre todo, por la esperanza.
Fundado en 1980 por el entonces Superior General y Siervo de Dios Pedro Arrupe SJ para ofrecer una respuesta humana, pedagógica y espiritual a la difícil situación de los refugiados de aquella época, el JRS se ha convertido en un apostolado de gran importancia y de profundo beneficio espiritual también para la Compañía de Jesús.
La visión de Arrupe –que “estar con” los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza es algo fundamental, mientras que “hacer por” ellos viene después– continúa inspirando al JRS hasta el día de hoy. Su misión de acompañar, servir y defender a los refugiados y desplazados se arraiga en una fe profunda en la presencia de Dios a lo largo de la historia humana, incluso en sus momentos más difíciles y trágicos. De esta fe brota nuestra esperanza.
La necesidad que dio origen al JRS no ha desaparecido. Desde Sudán del Sur hasta Ucrania, desde Myanmar y la República Democrática del Congo hasta Afganistán, los conflictos, la violencia y los desastres naturales siguen desarraigando comunidades a una escala devastadora. En la última década, el número de personas desplazadas por la fuerza y apátridas en el mundo se ha más que duplicado, y se espera que este año alcance casi los 140 millones de personas.
Los recientes recortes del gobierno de los Estados Unidos en la ayuda internacional han agravado aún más esta situación, con consecuencias devastadoras para algunas de las comunidades más vulnerables del mundo. Sin embargo, incluso aquí, la esperanza perdura: en la resiliencia de las personas desplazadas y en la presencia compasiva de sus acompañantes, sostenidos por la promesa de Dios de no abandonar nunca a su pueblo. Es especialmente en los tiempos difíciles cuando recordamos nuestra humanidad compartida –una humanidad que nos une más allá de las fronteras y las diferencias, y que nos llama a la solidaridad con quienes sufren.
Sé que el JRS ha sentido los efectos de los recortes de financiación en muchos de sus programas. Estoy agradecido por el apoyo recibido de amigos y socios en todo el mundo, que ha permitido al JRS mantener su compromiso con las personas desplazadas. Mi gratitud se dirige a todos los socios en la misión: comunidades e instituciones jesuitas, congregaciones religiosas, socios institucionales y todos los benefactores del JRS.
También deseo agradecer a los más de 11,000 compañeros del JRS –empleados, voluntarios, jesuitas y otros hombres y mujeres de congregaciones religiosas– que caminan cada día junto a los refugiados. Su servicio es un testimonio vivo del amor y la fidelidad de Dios entre los desplazados.
Nuestra razón de ser, fuente de inspiración y de energía creativa, son los millones de personas vulnerables que se han visto obligadas a huir de sus hogares. Mis oraciones están con ellas, para que sean sostenidas en su dignidad y su valentía.
En un mundo que aparta la mirada, la Compañía de Jesús continúa su misión a través del JRS: caminar junto a las personas desplazadas por la fuerza, una dedicación que solo se profundiza con el tiempo. Confiando en Dios, siempre fiel, mantenemos la esperanza de que, juntos, con fe y compromiso, podamos contribuir a construir un mundo arraigado en la justicia, la reconciliación y la paz.”







