La esperanza tiene rostro femenino: una mirada profética sobre la Iglesia actual | Entrevista a María Lía Zervino

Introducción de Carla Bellone | Asistente del Secretario para el Servicio de la Fe

En esta entrevista, María Lía Zervino ofrece una lectura profunda del presente y del futuro de la Iglesia, basándose en su claridad de pensamiento y su amplia experiencia eclesial, y estableciendo un diálogo entre la sinodalidad, la misión y la corresponsabilidad de las mujeres. Sus respuestas entrelazan la experiencia personal y el discernimiento espiritual con una visión de servicio y compromiso vivida en las periferias de la sociedad y con una perspectiva sobre las mujeres como recurso para la Iglesia en las relaciones, las estructuras y los procesos de toma de decisiones. El resultado es una propuesta significativa y profunda para la renovación de la Iglesia, centrada en las relaciones, cuyo desarrollo y cuidado respetan la dimensión mariana del Evangelio.

Dr Zervino, en su larga experiencia al servicio de la Iglesia, ha conocido a muchas “discípulas invisibles”. ¿Quiénes son estas mujeres para usted y por qué cree que es importante darles voz hoy en día?

Por gracia de Dios he conocido mujeres extraordinariamente “bellas”, con belleza dinámica, como Madre Teresa de Calcuta y otras mujeres a quienes Gaudete et exsultate llama: santas de la puerta de al lado, igualmente luminosas por su belleza dinámica, pero “invisibles” para la mayoría. Cuando la discriminación, la violencia y otras llagas sociales como la soledad, por ejemplo, hacen estragos, es urgente dar voz a mujeres que ejercen su diaconía con los pueblos originarios de la Amazonía, a otras artífices de paz porque han dejado las armas y han pasado a catequizar a los soldados, o a quienes se especializan en acompañar a las personas trans, abandonadas porque son las “leprosas” del mundo contemporáneo. En el Kairós que fue el Jubileo, resuena en mi interior la expresión del Papa Francisco: la esperanza en la Iglesia tiene rostro femenino (Bogotá, Discurso al Comité del CELAM, 7 de septiembre 2017).

¿Qué es lo que más llama la atención del proyecto “Discípulas invisibles” y cómo lo relaciona con la misión actual de la Iglesia Universal?

Me sorprendió positivamente que Discípulas invisibles fuera tan afín con el Observatorio Mundial de las Mujeres (WWO – World Women’s Observatory), proyecto que vi nacer en la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) en 2021 y del cual soy asesora, que se focaliza en dar visibilidad a las mujeres, especialmente a las más vulnerables que parecen “invisibles”, a fin de inspirar y generar cambios que favorezcan su desarrollo integral. La Iglesia universal está comprometida en erradicar la distorsión de la autoridad eclesial, que se manifiesta en el uso del poder en beneficio propio y en los abusos sexuales, económicos, de conciencia y de poder por parte de los ministros de la Iglesia, tal como lo señala el Documento Final del Sínodo. Y, este proyecto constituye un aporte para erradicar ese clericalismo y ayudarnos a la positiva conversión de nuestras relaciones y estructuras.

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En un momento en el que se habla mucho de “visibilidad”, ¿qué valor tiene el testimonio silencioso en la vida cristiana y en la evangelización?

No se ama, no se aprovecha y tampoco se reza por lo que no se conoce. Las testigos silenciosas, tantas mujeres en el mundo hoy, caen dentro de la globalización de la indiferencia y por ende, no son amadas ni aprovechadas y menos aún se reza por ellas. Solidaridad y cuidado de la Casa Común son dos realidades que suelen ir de la mano de cientos de mujeres casi imperceptibles. He tenido la dicha de conocer misioneras, artesanas de los vínculos, mujeres laicas y consagradas de todos los continentes, expertas en evangelización y en humanidad. No aparecen bajo los reflectores de los medios o en las redes sociales, pero sí, son visibles a los ojos de Dios, al igual que sus frutos, que Él mismo bendice. Estoy convencida que es el Espíritu Santo quien conmueve las entrañas de sus corazones. Aman proclamar la Buena Nueva a su alrededor, cuidar de los más necesitados y de la naturaleza. Si se conociera el don que ellas aportan, nadie se lo quisiera perder.

¿Cómo han influido su formación como socióloga y su vocación consagrada en su forma de ver el lugar de la mujer en la Iglesia y en la sociedad?

Sin duda la sociología, con sus teorías científicas e investigaciones, siempre ayuda. Sin embargo, diría que es mi formación dentro de mi familia vocacional, la Asociación de Vírgenes Consagradas “Servidoras”*, la que modela mi perspectiva sobre el rol y la responsabilidad de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad. Nuestro fundador, hoy Siervo de Dios Luis María Etcheverry Boneo, concebía a la mujer como la clave para la sacramentalización de los vínculos, de las relaciones sociales y deseaba que nuestra consagración sirviera a todos sin excepción, pero en particular a las mujeres, vivificadoras y transformadoras de todas las instituciones sociales. Más allá de mis profesiones, de asistente social y socióloga, creo que es el carisma propio de las Servidoras que continúa irrigando mi ser y actuar en pro de las mujeres en el Pueblo de Dios.

Durante su mandato como presidenta de la UMOFC, representó a millones de mujeres católicas de todo el mundo. ¿Cuál es la lección más importante que aprendió de ellas?

Estoy persuadida de que hay un denominador común en esos millones de mujeres miembros de las organizaciones que conforman UMOFC: su amor a la Iglesia. Me emociona verlas juntas, venidas de los diferentes puntos cardinales, cuando se reúnen con sus trajes típicos, con un abanico de colores en la piel y en los vestidos que reflejan sus diversas culturas, edades y modalidades. Incluso los objetivos de las organizaciones católicas a las que pertenecen son dispares: van desde la adoración nocturna hasta la construcción de pozos de agua para poblaciones musulmanas en medio de África, pasando por levantar la bandera de los derechos humanos en los foros internacionales. No obstante esa riqueza de diversidad, ellas siempre me enseñaron que lo que nos une y caracteriza es el incondicional amor a la Iglesia.

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El proyecto habla de mujeres que evangelizan “en las fronteras del sufrimiento”. ¿Qué le enseña su silenciosa fidelidad?

Su fidelidad silenciosa me enseña que María estaba allí junto a la Cruz, en las tres horas más fecundas de la vida de Jesús. Ella se encontró “en los márgenes del sufrimiento” cuando en su corazón de Madre se gestó la Iglesia, la segunda encarnación del Verbo. Percibo un reflejo mariano en la dimensión testimonial, en particular de la vida religiosa, con un bajo perfil, en hermanas que viven su entrega generosa a Jesucristo con los postergados y descartados, experimentando aún hoy: desvalorización, injusticia y hasta violación y muerte. Son para mí un examen de conciencia, presentes en mi oración y vida cotidiana. Quizá la historia de la Iglesia merece ser rescrita desde la perspectiva de las mujeres, incluyendo su participación en la evangelización y su respuesta al grito de los pobres y de la Tierra, a lo largo y ancho del planeta.

¿Cómo podemos garantizar que estas mujeres no sigan siendo “invisibles”, sino que su testimonio se convierta en fermento para toda la comunidad cristiana?

En un diálogo que, por don de Dios, pude tener con el Papa León, él manifestó que seguirá la línea del Papa Francisco en relación al rol y la responsabilidad de las mujeres en el camino hacia una Iglesia sinodal y misionera. Sin duda los cambios recientes introducidos en la Curia Romana y la Praedicate Evangelium constituyen una gran pantalla y un instrumento ejemplar y pedagógico para las diócesis y la sociedad civil. Pero en definitiva son las transformaciones desde las iglesias locales las que irán acortando la distancia entre lo dicho –el Magisterio– y lo hecho concretamente. Esperamos que los obispos, en las distintas regiones, según las necesidades del Pueblo de Dios a su cargo, instituyan nuevos ministerios para las mujeres, obviamente optimizando su formación. Ello implica una inversión en recursos humanos, tiempo y dinero para la formación, ecuánime para varones y mujeres, sin discriminación de género.

¿En qué ámbitos considera que existe hoy en día una necesidad más urgente de una presencia femenina transformadora en la Iglesia y en la sociedad?

A nivel de base: formando a las mujeres junto con los hombres, en escuelas de sinodalidad, a fin de se haga realidad el discernimiento eclesial en todas las instancias de decisión y así implementemos la misión. En los Seminarios: incorporando mujeres idóneas dentro de los Equipos de Formadores, de modo que puedan contribuir con voz y voto al acompañamiento y formación de los futuros ministros ordenados. En la Academia Pontificia: para capacitarse en el servicio diplomático vaticano, con la finalidad de colaborar en las nunciaturas, incorporando su mirada femenina en las relaciones con los gobiernos y en la selección de candidatos al episcopado.

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El papa Francisco ha destacado en numerosas ocasiones la necesidad de “una Iglesia con rostro femenino”. ¿Cómo interpreta esta expresión a la luz del proyecto “Discípulas invisibles”?

Me parece que esa frase indica el perfil que el Espíritu Santo va impulsando en varones y mujeres que caminan del brazo y asumen su corresponsabilidad diferenciada. Sueño con esa Iglesia de rostro y lenguaje femeninos, que es la Iglesia de las entrañas de misericordia, de la revolución de la ternura, del estar cerca del hijo que sufre, del cuidar la propia tierra, del ardor misionero de quien está hecha para dar Vida con mayúscula... todas características de una madre. Auguro que el proyecto Invisible Disciples sea una fuente de inspiración y una fuerza impulsora de la etapa de implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad, que es crucial para el Pueblo de Dios.

¿Qué mensaje le gustaría enviar a las mujeres –religiosas y laicas– que prestan servicio pero a menudo pasan desapercibidas?

Miremos a María. Digamos en voz alta las palabras del ángel para que resuenen en nuestros corazones como campanas que nos despiertan de un sueño profundo. Cuánto necesitamos escuchar: ¡Alégrate! El Señor está contigo, no temas (Cfr. Lc 1, 28.30). Muchas veces podemos sentirnos un poco como esta joven de Nazaret, a la que nadie conocía, de la que nadie esperaba nada, a la que nadie miraba pero que estaba comprometida en servir a Dios todos los días de su vida, en la pequeñez, en la soledad de un pueblo escondido. Esas palabras que nos repite el evangelista en boca de Jesús, hoy nos las dice a nosotras: ¡Alégrense! El Señor está con ustedes, como siempre estuvo en el evangelio del lado de las mujeres. No hay motivo para temer, para bajar los brazos, para sentir que no podemos. ¡Coraje! ¡Ave María y adelante!

Por último, mirando hacia el futuro, ¿qué sueño alberga en su corazón para la Iglesia y para las mujeres que forman parte de ella?

Así como en el Concilio Vaticano II la Virgen María fue repensada a la luz del misterio de la Iglesia, sueño con que llegue el momento de repensar la Iglesia a la luz del misterio de María, nuestra Madre, en un Sínodo del Pueblo de Dios.

*Nota del editor: La Asociación de Vírgenes Consagradas “Servidoras” es una de las asociaciones públicas reconocidas por la Iglesia católica, generalmente supervisadas a nivel diocesano por el obispo local. Sus miembros viven la vocación de la virginidad consagrada en el seno de la sociedad, en lugar de hacerlo dentro de una orden religiosa, y dan testimonio cristiano a través de la oración compartida y el servicio.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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El Servicio de Comunicaciones de la Curia General publica noticias de interés internacional sobre el Padre General, sobre el gobierno central de la Compañía de Jesús y sobre los compromisos de los jesuitas y colaboradores en la misión. También se encarga de las relaciones públicas y con los medios de comunicación.

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