Segundo Diálogo Nacional por la Paz: construir la paz desde las heridas y la corresponsabilidad
“La paz no se decreta ni se impone: se construye y se teje hilo a hilo.” Con esta convicción, expresada por el P. Luis Gerardo Moro Madrid, SJ, Provincial de la Compañía de Jesús en México, se inauguró el Segundo Diálogo Nacional por la Paz, realizado en el ITESO, universidad jesuita de Guadalajara.
Más de 1.200 líderes sociales, religiosos, académicos, empresariales y de la sociedad civil se reunieron para reflexionar colectivamente sobre la violencia que atraviesa al país y articular caminos concretos de transformación.El encuentro reafirmó una convicción central: la paz sólo puede construirse desde lo local, con visión nacional y corresponsabilidad social.
No se trata de soluciones inmediatas, sino de procesos que reconozcan las heridas, fortalezcan la vida comunitaria y reconstruyan la confianza social. En ese marco, el Segundo Diálogo Nacional por la Paz dejó tres principios fundamentales: la paz exige acuerdos colectivos desde los territorios; es urgente integrar a las juventudes; y no será posible una nueva convivencia sin colocar a las víctimas en el centro.
En la conferencia inaugural, el Dr. Mauricio Merino señaló que la violencia en México tiene una raíz estructural: el debilitamiento del Estado democrático y social de derechos, que ha permitido la reproducción de múltiples violencias. Recordó que desde 2007 el país ha registrado más de 550mil homicidios, 136mil personas desaparecidas y cerca de 400 grupos criminales, cifras que evidencian una crisis prolongada y la normalización del miedo. Frente a ello, subrayó que el Estado no es ajeno a la ciudadanía, sino una responsabilidad compartida que exige participación y compromiso colectivo.
Desde la perspectiva de los derechos humanos, María Luisa Aguilar, directora del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, afirmó que no hay paz sin verdad, justicia y escucha a las víctimas. Esta escucha, realizada con responsabilidad y compasión, tiene un profundo potencial transformador. Esa afirmación tomó rostro en el testimonio de Doña Mari Herrera, madre buscadora, quien expresó cómo del dolor más radical puede surgir una fuerza capaz de reconstruir lo colectivo. “Después de ser personas con tanto dolor, hemos pasado a ser constructores de paz”, afirmó. Para ella, estos espacios no sólo visibilizan la tragedia, sino que generan fortaleza y esperanza al sumar a más personas al acompañamiento de las familias. En una frase que condensa la herida nacional, dijo: “cualquier resto (humano) que se encuentre en cualquier parte del país, es mi hijo”.
En la misma línea, la hna. María Dolores Ramírez, HCSCJ, quien acompaña a familias buscadoras en Jalisco, subrayó que este acompañamiento ha permitido que su palabra se convierta en una fuerza social transformadora. Frases como “les buscamos porque les amamos” muestran que, aun en medio del duelo, es posible abrir caminos hacia una cultura que coloque la dignidad humana en el centro.
La dimensión espiritual del proceso de paz fue subrayada por el P. Elías López, SJ, jesuita canario invitado de la Red Global de Sinodalidad Reconcialiadora, quien señaló que la reconciliación requiere una base místico-política: una espiritualidad profunda unida al compromiso de transformar las relaciones humanas y sociales.
Esta reflexión dialogó con la presencia de diversas tradiciones religiosas en el Segundo Diálogo Nacional por la Paz –budistas, musulmanas, hinduistas, ortodoxas, bautistas, luteranas, pentecostales, católicas y tradiciones indígenas–, mostrando que la paz puede construirse desde la diversidad cuando el centro es el cuidado de la vida.
La construcción de paz también fue abordada desde la movilidad humana. Karen Pérez, directora del Servicio Jesuita a Refugiados en México, recordó que la construcción de paz no se limita a un territorio, sino que también debe suceder en las fronteras. Expresó que las personas migrantes enfrentan violencias múltiples, por lo que la reconciliación debe entenderse como un proceso gradual, que requiere espacios seguros y comunitarios para reconstruir vínculos y dignidad.
Al cierre del encuentro, el P. Jorge Atilano González, SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, subrayó que no será posible reconstruir la convivencia social sin sanar la herida de las personas desaparecidas. El desafío, afirmó, es imaginar y construir el Estado que el país necesita para recuperar la paz, asumiendo a todos los sectores como protagonistas.
Los aprendizajes y acuerdos surgidos de este Segundo Encuentro del Diálogo por la Paz quedaron plasmados en un comunicado y en un Manifiesto por la Paz. Asimismo, las metodologías de construcción de paz serán presentadas al gobierno federal y a los gobiernos estatales y municipales como caminos probados para la atención de las violencias desde los territorios.
El Diálogo Nacional por la Paz surgió en 2022 tras los asesinatos de los jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar, junto con Pedro Palma, guía de turistas, y el joven Paul Berrelleza, en Cerocahui, Chihuahua. Conformado por la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, la Conferencia del Episcopado Mexicano, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos y la Dimensión Episcopal para los Laicos y en diálogo permanente con la sociedad civil, ha buscado transformar la indignación en caminos concretos de reconciliación, justicia y reconstrucción del tejido social.
En un país profundamente herido por las violencias, el segundo encuentro reiteró una convicción compartida: la paz comienza cuando dejamos de mirar hacia otro lado y asumimos la corresponsabilidad por el futuro común.







