Frédéric Fornos, SJ

Papa Francisco: in memoriam

El ministerio invisible del Papa Francisco

Frédéric Fornos, SJ

¿Cuántas veces escucharon al Papa Francisco pedir: “¡Por favor, recen por mí!”? No era una fórmula de cortesía, sino una convicción profunda: Francisco creía firmemente en la fecundidad de la oración. Era un hombre de oración. Y no es posible comprender la coherencia de su vida y de su ministerio sin adentrarse en esta dimensión invisible, pero esencial, de su existencia.

La oración, corazón de la misión de la Iglesia

Para el Papa Francisco, la oración no era una práctica más entre otras: era el corazón mismo de la misión de la Iglesia. En un mundo que empuja hacia la fragmentación, la confrontación y la división, nunca se cansó de recordarnos sobre la urgencia de orar. La oración nos saca de la “globalización de la indiferencia” para introducirnos en una “cultura del encuentro”. A través de ella, cada persona puede ponerse al servicio de la misión de Cristo, en el corazón del mundo.

Por eso quiso crear una Obra Pontificia para expresar, con sus propias palabras, que “la oración es el corazón de la misión de la Iglesia”.

Esta convicción tiene su raíz en una larga historia. En 2010, el P. Adolfo Nicolás SJ, entonces Superior General de la Compañía de Jesús, había iniciado un proceso de refundación del Apostolado de la Oración –servicio eclesial nacido en 1844, con una rica historia extendida por todo el mundo–. En 2014, el Papa Francisco aprobó su recreación. Luego, al comprobar la fecundidad de esta red de oración, se comprometió a apoyarla activamente.

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Ya en 2017, durante un Ángelus, invitó a los fieles a unirse “a la Red Mundial de Oración del Papa, que difunde, también a través de las redes sociales, las intenciones de oración que propongo cada mes a toda la Iglesia. Así se lleva adelante el apostolado de la oración y se hace crecer la comunión.”

El Papa Francisco lo dejó muy claro en 2016, durante el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, cuando se reunió con miembros de los Grupos de Oración del Padre Pío, un movimiento de fieles laicos centrado en la oración y las obras de caridad. “[La oración] es la fuerza más grande de la Iglesia”, dijo, “que no debemos dejar nunca, porque la Iglesia da fruto si hace como la Virgen y los Apóstoles, que ‘perseveraban unánimes en la oración’” (Hch 1, 14). En 2019, dirigiéndose a la Red Mundial de Oración del Papa con motivo de su 175º aniversario, expresó la misma convicción de forma más simple: “El corazón de la misión de la Iglesia es la oración. Podemos hacer muchas cosas, pero sin oración no funciona.”

Las intenciones de oración del Papa: una ventana abierta al mundo

Para dar un apoyo concreto a su Red Mundial de Oración, el Papa Francisco grababa cada mes un mensaje en vídeo: El Vídeo del Papa. En él explicaba por qué la intención de oración que confiaba a toda la Iglesia católica era urgente, tanto para la misión de la Iglesia como para la vida de cada persona. Como si cada mes abriera una ventana para que pudiéramos ver, escuchar y percibir los desafíos del mundo – para que pudiéramos ponernos al servicio de la misión de Cristo, una misión de compasión, a través de la oración y la acción.

En enero de 2019, mientras los jóvenes católicos se preparaban para reunirse en Panamá con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Francisco lanzó su perfil personal en Click To Pray, la plataforma oficial de oración de la Red Mundial de Oración del Papa. En el Ángelus del 20 de enero, invitó especialmente a los jóvenes a descargar la aplicación y a rezar con él, diciendo que la utilizaría para compartir “intenciones y peticiones de oración por la misión de la Iglesia”.

La oración es una dimensión invisible de nuestra vida. A menudo puede pasar desapercibida, porque sus frutos no son inmediatamente visibles. Como una semilla plantada en la tierra, necesita tiempo –pero su fecundidad es inmensa–. Como dice el Evangelio: produce treinta, sesenta y hasta cien por uno (Mc 4,20).

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© Vatican Media

El Papa Francisco, un hombre de oración

No es posible comprender al Papa Francisco –la coherencia de su vida, la fuerza de su ministerio– sin la oración. Solo vemos la punta del iceberg, pero la parte sumergida, invisible, es la más importante.

Francisco rezaba la Liturgia de las Horas, el rosario, y pasaba tiempo en adoración. Pero también meditaba profundamente la Palabra de Dios. Para preparar sus homilías en Santa Marta, comenzaba la víspera escuchando la Palabra y dejándola resonar en su corazón a lo largo de todo el día, como una melodía de fondo. La Palabra de Dios impregnaba su vida.

Los Ejercicios Espirituales de san Ignacio otorgan un lugar central a la Palabra de Dios, para ver, escuchar, amar y seguir a Jesús, y ser cada día más dóciles al Espíritu Santo. Esta Palabra entra en resonancia con la vida cotidiana, nos abre al mundo y a los demás. Orar es siempre buscar la comunión con Jesucristo y decidirse por Él, y con Él, al servicio de su misión.

Las intenciones de oración del Santo Padre evocan los grandes desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. En un mundo fragmentado y atravesado por tensiones, el Papa Francisco –como hoy el Papa León XIV– buscaba tender puentes entre culturas y continentes, favorecer el diálogo, el encuentro, la comunión.

La Red Mundial de Oración del Papa, al servicio de estas intenciones desde hace más de ciento ochenta años bajo el nombre de Apostolado de la Oración –al que está vinculado el Movimiento Eucarístico Juvenil de Jóvenes–, nos ayuda a movilizarnos cada mes en torno a los desafíos de nuestro mundo y de la misión de la Iglesia: una misión de compasión que halla su fundamento en la unión con el Corazón de Cristo.

A lo largo de estos once años en que tuve la alegría de trabajar junto a Francisco, al servicio de su pontificado, descubrí en él un verdadero padre espiritual: un hombre libre, de una gran atención al otro, lleno de bondad –y, sobre todo, con un gran sentido del humor–. En su exhortación apostólica sobre la santidad, Gaudete et exultate, señalaba precisamente que el humor es una de las características de la santidad.

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© Jesuit.Media

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