El primer visitante a la Curia Generalicia en 13 meses

Aprovechando las nuevas normas dictadas por el gobierno italiano que permiten estancias cortas a los ciudadanos de la Unión Europea, el P. François Boëdec, Provincial de Europa Occidental francófona (EOF), ha venido a participar en la ordenación al diaconado de uno de los jesuitas de su Provincia, François-Xavier Chambounaud. Y hemos aprovechado para hacerle algunas preguntas sobre cómo él y su Provincia están viviendo “en este tiempo de pandemia”.

La vida de un Provincial durante una pandemia...

En una situación de responsabilidad, uno se enfrenta al hecho de no poder viajar. Hay que acostumbrarse a las visitas a las comunidades por Zoom, lo que no es ideal para la cuenta de conciencia, en lo que ello supone de encuentro personal con los compañeros. Pero nos permite mantener el contacto. El reto es ejercer, a distancia, una especie de liderazgo en tiempos de confinamiento, y de esa manera seguir apoyando y animando. Buscar cómo mantener el dinamismo apostólico en un período así.

Otro reto es estar al servicio de la unidad. Todo el mundo es sometido a pruebas y cada uno lo vive de forma diferente. Algunos pueden tener miedo del riesgo de contagio en la comunidad en la que viven y, por tanto, se encierran en sí mismos. Otros, en cambio, al ver lo que ocurre, se dicen: “No podemos quedarnos encerrados en nuestras casas; debemos ir al encuentro de las personas que están en una situación muy frágil”. Y ello puede crear tensiones.

Hay que decir que nuestra Provincia se ha visto muy afectada por la muerte de una veintena de compañeros desde el inicio de la pandemia. Debemos tratar de acompañar esos momentos de duelo y, como en otras regiones del mundo, no pudimos estar presentes en los últimos momentos de vida de algunos compañeros que murieron solos y fueron enterrados apresuradamente. Esto ha sido muy duro. Por eso, después de la primera ola, tuvimos un momento de celebración en París para recordar a los compañeros que no habíamos podido honrar como queríamos y para agradecer al Señor lo que habían sido para nosotros.

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¿Algún punto positivo que recordar de este periodo?

Toda esta experiencia nos enfrenta finalmente a lo más esencial. Nos sentimos indefensos. Cuando “todo va bien”, cuando hacemos muchas cosas, nos parece que tenemos el control de la realidad. La pandemia es una experiencia de pérdida de control que nos devuelve a lo esencial. Más tiempo para la oración, una vida más tranquila, tiempo para relacionarse con los compañeros. De hecho, la vida comunitaria ha ganado mucho; la fraternidad y el cuidado de unos por otros han crecido.

También me ha impresionado el testimonio de tantas y tantos colaboradores laicos. Por ejemplo, en las redes escolares, con la dificultad añadida para los equipos educativos de adaptarse a normas jurídicas que cambian cada semana. Había una preocupación por la obra, por la gente, por hacer lo mejor, un verdadero afecto para con la misión y para con la Compañía de Jesús a través de ello. Mucha fidelidad.

¿Y el futuro?

Nuestras comunidades están asumiendo el reto de una vida fraterna más exigente. Un interés por una vida interior más arraigada en la relación con Cristo. Volvemos a nuestra vocación y a lo que la fundamenta. Estamos llamados a vivir la realidad con confianza: confianza en el Señor y confianza en la vida.

Al mismo tiempo, ¡debemos hacer planes! No hemos de aguardar a que todo se solucione por sí solo. Por ello, tenemos un proyecto importante en nuestra Provincia: el gran encuentro de la Familia Ignaciana en Marsella el día de Todos los Santos (1 de noviembre de 2021). ¿Seremos capaces de hacerlo como imaginamos? Todavía no lo sabemos, pero pone a mucha gente en camino... ¡y en Zoom! Si la pandemia baja de intensidad y las vacunas permiten una mayor normalidad, podría ser un gran momento de reencuentro y celebración tras el periodo oscuro. Continuamos; hay algo más que podemos vivir juntos. Es importante avanzar.

Donde se encuentra el apoyo...

Como a muchos, los salmos me han sostenido, los salmos de la confianza. Pienso en el Salmo 91: “Digo al Señor: ‘Mi refugio, mi baluarte, mi Dios del que estoy seguro’.” Y el Salmo 23, “Aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal.” Los salmos de abandono han sido muy valiosos en estos momentos. Y, además, inevitablemente, volvemos al “Principio y Fundamento” de nuestro Padre Ignacio. No desear una vida larga en lugar de una corta, la salud en lugar de la enfermedad... ¿Realmente somos siempre tan indiferentes y libres con respecto a todo ello? ¿Nos ponemos totalmente en manos del Señor? Ha sido una oportunidad para volver a escuchar esta invitación.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
Communications Office
El Servicio de Comunicaciones de la Curia General publica noticias de interés internacional sobre el gobierno central de la Compañía de Jesús y sobre los compromisos de los jesuitas y sus partenarios. También se encarga de las relaciones públicas.

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