Reorientar nuestra economía a favor de la casa común
Por Gaël Giraud, SJ | EJP (Environmental
Justice Program), Georgetown University, Washington DC
[De la publicación “Jesuitas 2024 - La Compañía de Jesús en el mundo”]
Una llamada a inventar una nueva economía que no se funde en la economía de los mercados de capitales sino en una relación no-violenta entre el ser humano y la naturaleza, que beneficie a todos.
«Esta economía mata» (Evangelii gaudium, 53). El papa Francisco lo ha recordado en diversas ocasiones: la economía de los mercados de capitales no regulados y globalizados que hemos construido durante los últimos cincuenta años no solamente no permite una distribución de recursos eficaz, sino que aumenta las desigualdades y acaba matando a los excluidos. El calentamiento global, la destrucción de la biodiversidad, la invasión universal del plástico, la rarefacción de ciertos minerales críticos: estos son algunos de los desafíos existenciales que debemos afrontar, colectivamente, si deseamos contradecir a los climatólogos que empiezan a hablar de la posibilidad de que la humanidad se extinga durante el siglo próximo.
A corto plazo, tenemos que afrontar la crisis alimentaria de gran envergadura que se está preparando, y que se verá reforzada por los trastornos que sufre el ciclo del agua dulce: a partir de 2030, solamente 3 de cada 5 personas podrán acceder al agua potable. En realidad, podemos sobrevivir sin electricidad, pero nadie puede vivir sin agua.
Y aquellos que intentan tranquilizarse con el cuento de que la humanidad «siempre se las ha apañado para salir adelante» están cerrando los ojos: hoy en día sabemos que la negligencia con la que las administraciones coloniales de finales del siglo XIX predijeron las consecuencias del fenómeno climático El Niño provocó probablemente la muerte de 50 millones de personas en los países del sur. De lo que se trata hoy es de no dejar que se repita una tragedia como esta, inventando para ello un camino hacia la sostenibilidad ecológica que no suponga la supresión de los menos favorecidos.
Pero las raíces de este problema son hondas. Laudato si’, Fratelli tutti y Querida
Amazonia del papa Francisco hacen un diagnóstico antropológico y
espiritual, que por mi parte yo expresaría de la siguiente manera: los
occidentales deben liberarse de la antropología naturalista que invadió el
imaginario colectivo de todas las personas sometidas a la globalización
mercantil. Esta antropología, en parte inconsciente y que se impuso en Europa a
partir del siglo XVII, nos lleva a creer que la interioridad es privilegio
exclusivo de la humanidad, que hace de ella la imago Dei frente a una naturaleza inerte, sin consciencia, sorda y
muda; consecuencia de ello es la ontología que legitima una interpretación
violenta, dominadora, patriarcal, colonial y carnívora del Dominium terrae tal y como aparece expresado en Génesis 1,28.
En la audiencia del 3 de septiembre de 2020, el papa Francisco recordaba que esta misma antropología dominadora es la que justifica tanto las violencias contra las mujeres como la fascinación por los mercados financieros, la destrucción de los ecosistemas y los crímenes perpetrados contra niños y ancianos.
Nuestra incapacidad para establecer una relación no-violenta con la alteridad revela nuestra ineptitud a la hora de establecer una relación pacífica con el Otro. Dicho de otra manera, la economía que mata es, en el fondo, un ateísmo práctico (que viven a veces algunos «piadosos fieles»). En este sentido, inventar una nueva economía es contribuir al mismo tiempo a las cuatro Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús.
¿Pero cómo? Del mismo modo que la sinodalidad eclesial pasa primero por la escucha del sensus fidei fidelium, inventar una nueva economía hoy exige primero, sin duda, seguir los pasos de aquellos y aquellas que saben mucho más de la economía de la vida que nuestros sabios economistas. El ukama (en lengua shona) o el ubuntu (en Camerún) nos hablan de una cosmología relacional que inserta a cada ser humano dentro de un tejido de relaciones con los ecosistemas, los antepasados, las generaciones futuras... La teranga, en Senegal, es una tradición de hospitalidad que inserta la hospitalidad mesiánica en la banalidad de la vida diaria como signo de ese consentir acoger al Otro en cada otro. El buen vivir de las tradiciones de América latina dibuja un camino alternativo a la maximización del rendimiento financiero. El swaradj hindú nos enseña que de lo que se trata también es de la autolimitación de uno mismo y del grupo al que pertenezco...
En los siglos XVII y XVIII, los compañeros de la primera Compañía fueron quienes hicieron germinar la Ilustración y la idea moderna de una democracia no fundada en la esclavitud, relatando a las élites europeas cómo las sociedades indígenas de América del Norte se habían organizado sin moneda, sin capital y sin un dictador.
La Compañía puede redescubrir esta inspiración
abriendo el oído para escuchar la sabiduría de los pueblos que son, hoy en día,
las primeras víctimas de la economía financiera de los mercados no regulados.
Aboga en este sentido la participación de los jesuitas en la iniciativa
«Laudato si’ Action Platform», del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo
Humano Integral del Vaticano – en particular, los esfuerzos de algunas
universidades, como la de Loyola Chicago con su programa Healing Earth. Al igual que la Economía
de Francisco y esos miles de jóvenes del mundo entero que trabajan y
reflexionan para inventar la economía de mañana. ¿Durante cuánto tiempo
seguiremos enseñando la doctrina de la economía que mata, esa economía que no
tiene ningún fundamento científico, tal y como recuerda el mismo papa Francisco
en Evangelii gaudium, 54? Si queremos
que nuestras instituciones formen parte de la solución, es indispensable que
dejen de contribuir, con sus enseñanzas, sus prácticas educativas y sus formas
de financiarse a una economía que es parte del problema.







