Reducir la huella de carbono de una Provincia jesuita: primeros pasos

Por Xavier de Bénazé, SJ | Provincia de Europa Occidental Francófona
[De la publicación “Jesuitas 2024 - La Compañía de Jesús en el mundo”]

Una Provincia jesuita que desea responder con seriedad a la invitación de Laudato si’: por razones ecológicas... y espirituales.

La Provincia EOF emprendió con dinamismo, en el 2021, los caminos de la transición ecológica y social: esta es la primera evaluación después de más de dos años caminando dentro de un proceso de conversión.

Pero antes de comenzar, conviene recordar que:

• Este proceso hunde sus raíces en la conversión de la Iglesia y de la Compañía, gracias a Laudato si’, la Congregación General XXXV y las cuatro Preferencias Apostólicas Universales.

• La fuente de esta dinámica provincial se encuentra en Dios, especialmente desde el retiro provincial de 2018, que tuvo como hilo conductor la ecología integral.

• Para que esta conversión sea concreta, se decidió que la Provincia concentraría sus esfuerzos en las emisiones de CO2, que dedicaría a problemáticas y proyectos el tiempo necesario para obtener resultados concretos (un jesuita a tiempo parcial y una laica a tiempo completo), así como que desde el primer momento se trabajaría en red a nivel europeo con el Jesuit European Social Centre.

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Gracias a todo este trabajo de fondo, hoy podemos saber dónde se sitúa la Provincia en términos de emisiones de CO2 a través de sus comunidades. Aparecen dos observaciones principales:

1. Existen variaciones entre los países, debido principalmente a que cada país utiliza fuentes de electricidad más o menos dependientes del carbono. ¡No olvidemos que los retos inherentes a la transición requieren un enfoque político regional, nacional e internacional!

2. Como término medio, los jesuitas se sitúan por debajo de las medias nacionales, pero por encima de las medianas. Dicho de otro modo, formamos parte de la mitad de la población que más CO2 utiliza. La verdadera justicia climática y social nos apremia a actuar.

Por otro lado, si nos fijamos en los cuatro sectores básicos de emisión de carbono, comprobamos que:

• El denominado «consumo general» es relativamente bajo. Dicho de otra manera, una «feliz sobriedad» forma parte de nuestra vida, y podemos pensar que esto se debe a la sabiduría de nuestro voto de pobreza. La fuente de ello se sitúa por lo tanto en nuestro caminar en pos de Cristo. Sigamos meditando en ello conscientes de que los otros tres puntos nos van a suponer mayores esfuerzos.

• La primera fuente de emisiones son nuestros edificios. Nuestras viviendas son generalmente edificios antiguos, con malos aislamientos, sistemas de calefacción dependientes de las energías fósiles y demasiado grandes para nosotros. Tendremos que reflexionar no solamente sobre los posibles cambios técnicos (aislamiento, calefacción) sino también sobre el uso que hacemos de los edificios.

• En lo que respecta a la alimentación, estamos dentro del promedio nacional, lo cual es ya de por sí incompatible con los objetivos climáticos internacionales. Conscientes de que nuestro consumo de carne (especialmente de carne roja) es la principal fuente de emisiones alimentarias, tendremos que lograr que nuestros menús incluyan más vegetales. Más aun cuando sabemos que nuestra alimentación es lo que más impacto tiene en las demás fronteras planetarias, especialmente en la transformación del uso de las tierras y en la sexta extinción masiva de la biodiversidad que está ya en marcha.

• En lo que respecta a los transportes, estamos ligeramente por debajo de las medias nacionales. Pero no debemos conformarnos con ello, al contrario, tenemos que reflexionar sobre cómo reducir nuestro uso de transportes dependientes del carbono (avión y coche) y optar por los transportes colectivos, sobre todo el tren para las largas distancias y la bicicleta para los trayectos diarios.

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A la vista de estas primeras conclusiones, sabiendo de dónde venimos, nos va a ser preciso trabajar tanto a nivel personal, como comunitario y provincial para intentar dividir por dos nuestra huella de CO2 por jesuita y año de aquí a 2030, y orientar nuestros esfuerzos para llegar a las 1,5-2 t de CO2 al año por persona. Desgraciadamente, teniendo en cuenta el ritmo actual, si la economía mundial en su conjunto no se descarboniza más rápidamente, no podremos alcanzar estos objetivos nosotros solos. Según nuestros primeros cálculos, siendo especialmente exigentes, hoy en día tendríamos en nuestras manos el 40% del esfuerzo global. Llevemos pues a cabo todos estos actos de justicia y de amor que tienen sabor a eternidad en Dios.

Pero también tenemos que provocar cambios más generales. Aquí es donde cobra toda su importancia nuestra red de universidades, centros sociales y escuelas de la Compañía universal. Por ello, la Provincia decidió hace un mes contratar a una persona laica y encomendarle la misión de acompañar a nuestros 25 centros de enseñanza por las ambiciosas sendas de la transición. ¡El reto es gigantesco! Para todos aquellos y aquellas que desean «trabajar con los demás en el cuidado de la casa común», la expresión del jesuita húngaro Hevenesi nos parece sorprendentemente pertinente hoy en día: «Esta es la primera regla de todos los que obran: cree en Dios como si el curso de las cosas dependiera de ti y en nada de Dios; y, sin embargo, actúa como si nada dependiera de ti, y todo de Dios».

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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