Homenaje al P. Pedro Arrupe SJ, fundador visionario del JRS

El 14 de noviembre celebramos el aniversario del nacimiento del P. Pedro Arrupe SJ (14 de noviembre de 1907), que tiene un significado especial para el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS - Jesuit Refugee Service), obra apostólica que él fundó para atender a las necesidades de los refugiados y desplazados. Al coincidir con el aniversario del JRS (14 de noviembre de 1980), esta fecha invita a reflexionar sobre los orígenes del JRS, su alcance global y su compromiso permanente con la reconciliación y la justicia.

Una visión nacida de la compasión

A finales de los años 70, en respuesta a la crisis de los refugiados vietnamitas, el P. Arrupe sintió una profunda llamada a la acción, afirmando que “esta situación es un desafío que no podemos ignorar”. Guiado por el discernimiento y variadas consultas, tanto en el seno de la Compañía de Jesús y como con expertos externos, fundó el JRS. Su idea fue poner en marcha una obra que trascendiera la ayuda material, al declarar que: “la ayuda que se necesita no es solamente material; lo que especialmente se requiere de la Compañía es un servicio humano, educativo y espiritual”. Este fundamento dio origen al JRS, “un apostolado nuevo y de gran actualidad para la Compañía”; una misión que pretende satisfacer necesidades físicas, emocionales y espirituales y que abre un futuro de dignidad y resiliencia junto a los desplazados forzosos.

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Campamento de Mtendeli, Tanzania. (© John Kleiderer/JRS)

Una comunidad global unida por la misión

La visión del P. Arrupe sigue motivando a personas de todas las procedencias, que se sienten unidas por una misión compartida. El JRS reúne a jesuitas, religiosos, laicos, voluntarios e incluso refugiados, que se ofrecen para servir a los demás, y que se comprometen a acompañar, servir y defender a desplazados forzosos y hacer posible que sanen, se formen y sean capaces de decidir de su futuro.

La inclusión es fundamental para el JRS, donde creyentes y no creyentes colaboran en solidaridad. El personal del JRS, que pone en su centro lo que significa acompañar, camina junto a aquellos que sirve, y pone su confianza en la dignidad y la capacidad de recuperación de las personas. La práctica del acompañamiento, profundamente arraigada en la espiritualidad ignaciana y que el P. Arrupe tanto apreciaba, mueve a los miembros del JRS a trabajar con compasión, empatía y respeto. Es un puntal del compromiso que tiene JRS de fomentar la dignidad y la esperanza, y sienta las bases para unas relaciones transformadoras con las comunidades desplazadas.

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JRs en Amman, Jordania. (© Don Doll SJ/JRS)

Una misión de reconciliación y justicia

El P. Arturo Sosa, actual Superior General de la Compañía de Jesús, nos recordó recientemente que el JRS, como obra de la Compañía, está comprometido con la reconciliación y la justicia. En línea con las Preferencias Apostólicas Universales (PAU) de la Compañía de Jesús – mostrar el camino hacia Dios, caminar con los excluidos, acompañar a los jóvenes en camino, y cuidar de nuestra casa común – el JRS ayuda a las personas desplazadas a reconciliarse con Dios, consigo mismas, con los demás, y con la Creación.

Esta misión está íntimamente ligada a alentar la esperanza en las vidas de los desplazados forzosos, que encarnan el hondo sufrimiento humano y su capacidad de recuperación. El JRS fomenta “relaciones justas” que suturen la división entre los refugiados y las sociedades que los acogen, así como dentro de las propias comunidades en que viven. Como subraya el Papa Francisco, “No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad”. Al responder a los “signos de los tiempos” que se hacen patentes a través de la lucha de los más vulnerables, el JRS responde a la amplia llamada de la justicia, y nos desafía a construir un mundo más humano y más compasivo.

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Actividad educativa para la paz, Kajokeji, Sudan. (© Don Doll SJ/JRS)

Una vocación de servicio: camino hacia Dios

Para muchos miembros de JRS, su trabajo es más que un empleo; es una vocación. El personal del JRS suele decir que, a través de su contacto con los refugiados, “a menudo nos encontramos con Dios”, somos testigos de su protección y encontramos al Dios vivo en acción. Esta experiencia de vida resuena en el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2024, en el cual nos recuerda que, al igual que Dios guió a los israelitas durante el Éxodo, Él camina junto a los inmigrantes de hoy, ofreciéndoles su consuelo y su fuerza. Con frecuencia, los emigrantes experimentan a Dios como compañero, y descubren la esperanza en medio de la desesperación. Cada encuentro, como subraya el Papa Francisco, es un encuentro con Cristo, que se identifica con el extranjero y el marginado. Arraigados tanto en nuestra experiencia como en el mensaje del Papa, creemos profundamente que estos encuentros son oportunidades llenas de gracia para extender la compasión y reconocer el rostro de Cristo en aquellos a quienes servimos.

Esta esperanza se extiende más allá de aquellos a quienes servimos, nos atañe a nosotros mismos, ya que el personal del JRS experimenta el amor perdurable de Dios a través de los retos a los que se enfrentamos juntos. La resistencia de aquellos a los que acompañamos nos da un sentido renovado a nuestros viajes, profundizando nuestra comprensión de la gracia de Dios y transformando nuestros corazones en el camino.

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JRS México. (© Gorka Ortega/JRS)

La visión del P. Arrupe: una inspiración duradera

Como creía el P. Arrupe al fundar el JRS, Dios nos llama a través de los desplazados forzosos rotos y heridos; servirles es un privilegio y una bendición. Su visión del JRS exige un profundo reconocimiento de nuestra humanidad compartida con aquellos que se encuentran en situaciones vulnerables - base para tener encuentros auténticos y llenos de esperanza. El P. Arrupe imaginó una misión que ve a las personas desplazadas no sólo como receptores de ayuda, sino como seres humanos merecedores de compañía y empatía.

Hoy, esta visión sigue guiando al JRS, sostenida por el legado de su fundador y el fiel acompañamiento de sus sucesores. El JRS sigue comprometido con los más vulnerables, recordándonos que el servicio es un camino hacia la reconciliación, la conversión y la transformación personal.

En este 14 de noviembre, honramos la memoria del P. Arrupe, cuyo espíritu sigue vivo en el trabajo del JRS. Que su ejemplo nos inspire para llevar adelante esta misión de justicia, reconciliación y humanidad compartida, para el mayor servicio de Dios y el bienestar de todos los hombres.

P. Pedro Arrupe

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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