Sueños de la apuesta ecológica en el suroccidente de Colombia

Por Alix Katherin Niño Corzo | Provincia de Colombia
[De la publicación “Jesuitas 2024 - La Compañía de Jesús en el mundo”]

El Instituto Mayor Campesino (IMCA) y la Fundación Suyusama son dos obras sociales de la Compañía que se movilizan por la configuración de procesos comunitarios sostenibles y el fortalecimiento del tejido social en las regiones del suroccidente del país.

La educación socio ambiental y la lucha por la construcción de territorios de paz han sido dos de los focos dinamizadores de la apuesta ecológica de la Provincia. Esta misión ha sido liderada por el trabajo articulado y fraterno del IMCA y Suyusama, dos obras ubicadas en el Valle del Cauca y Nariño, respectivamente, que han generado apuestas institucionales conjuntas para la construcción de territorios sostenibles y propuestas de buen vivir y vida digna para las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Bajo los principios de respeto, equidad y cooperación, han generado escenarios de incidencia política y transformación regional. Estos procesos se han logrado gracias a la concientización y formación de las comunidades en torno al compromiso de una economía productiva que no implique la destrucción de la Casa Común.

Para Erminsu David, director de las obras, el trabajo mancomunado ha generado muchos frutos: «promover la agroecología, convertirse en un referente de apoyo y acompañamiento e irradiar la conciencia ecológica a muchas organizaciones». Reconoce la importancia de la conservación en el ejercicio misional y la defensa de la vida: «tomar conciencia de la importancia de una alimentación sana, entender y comunicar que estamos afectando a la naturaleza con el uso indiscriminado de agroquímicos, es como proclamar el Evangelio, es preservar la Casa Común». Sin embargo, la apuesta no solo es el acompañamiento integral, sino también animar a las comunidades a que continúen generando espacios de desarrollo comunitario. Para esto, el reto es «ser una bisagra y conectar mundos», comenta Luis Rodríguez, coordinador regional de Suyusama, «y convertirse en una semilla para que se vayan concretando iniciativas».

Estas son algunas de las experiencias y testimonios que evidencian el impacto de la labor ecológica en la región.

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El agua es vida

Como parte de las iniciativas para la defensa del recurso hídrico, desde el 2005 se inició el acompañamiento a la Red Nacional de Acueductos Comunitarios, una articulación entre los procesos organizativos alrededor de la prestación y conservación del agua. Entre los logros del proceso se encuentra la «visibilización de organizaciones que hacen una labor de conservación sin remuneración; el entendimiento del vínculo que hay entre la población y el agua; y el avance en la captación de agua en zonas en donde la población no tiene mucho acceso», comenta Erminsu.

Desde el 2009, Mariela Cardona, lideresa del municipio de Restrepo, Valle del Cauca, ha participado en este proceso y evidencia los impactos positivos del acompañamiento que se ha realizado: «El IMCA ha sido de apoyo porque es nuestra carta de navegación en el desarrollo de los procesos y en la defensa del recurso hídrico. A través de su acompañamiento, hemos logrado la articulación de los acueductos rurales, la organización interna, el empoderamiento de las comunidades y la identificación de la gestión comunitaria como un proceso integral. Su orientación ha sido importante en el desarrollo de nuestros proyectos, en el mejoramiento de la calidad de vida, la lucha por el cambio climático, la construcción de un nuevo ecosistema, la recuperación de suelos y la seguridad alimentaria. Hay un agradecimiento de corazón.»

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Soberanía alimentaria

Las apuestas están dirigidas a liderar alternativas de producción, seguridad alimentaria y sostenibilidad. Dentro de las iniciativas más importantes está el acompañamiento a la red de custodios de semillas, un proceso que busca la recuperación, conservación de semillas nativas y el cuidado de la biodiversidad productiva. Las casas de semillas son dirigidas por «custodios», en su mayoría jóvenes y mujeres campesinas, encargados de proteger y mantener distintas variedades nativas que se producen en el territorio.

En el proceso, «se hacen ejercicios de intercambio, préstamo y venta de semillas, se vincula a los niños y, cada año, se hace un encuentro de intercambio que involucra a toda la familia», comenta Silvia Gómez, monitora de Suyusama y productora agroecológica del municipio de Consacá, Nariño. Actualmente, en su casa se produce el 60% de los alimentos de consumo familiar mediante un sistema de producción sostenible y rescata más de 70 variedades de semillas nativas que aseguran su economía. Su sueño es lograr que su finca se convierta en un bosque comestible.

Sueños hacia el futuro

A medida que las necesidades de los territorios se vayan diversificando, la alianza IMCA-Suyusama seguirá apostando por la visibilización del Suroccidente, uno de los territorios más olvidados, pero con mayor potencial de respuesta organizativa; y, ante todo, por propiciar una conversión profunda que permita disfrutar la riqueza, diversidad y pluralidad de la creación. La Provincia de Colombia seguirá trabajando por un mundo que cobije a todos y movilizando corazones al servicio del cuidado del planeta.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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