Extranjeros en su propia tierra | El Padre General se reúne con cristianos árabes en Israel

Reflexión de David Neuhaus, SJ
David Neuhaus fue vicario episcopal para los católicos no árabes en Israel de 2008 a 2017.

El Padre General Arturo Sosa, continuando con su visita a las obras jesuitas en Tierra Santa, tuvo una experiencia única de la diversidad cultural y ministerial de la región. Seis ciudadanos árabes palestinos cristianos de Israel –cuatro hombres y dos mujeres de Jerusalén y del norte de Israel– fueron invitados a reunirse con el Padre General en el Pontificio Instituto Bíblico de Jerusalén y a compartir sus reflexiones personales sobre lo que significa ser no solo cristianos en Tierra Santa, sino también árabes en Israel. El grupo representaba a personas de diferentes ámbitos de la vida, pero todas comprometidas con la misión de la Iglesia. Una de las integrantes del grupo era una religiosa, los demás eran laicos de entre veintitantos y sesenta y pocos años. Cuatro de los participantes son católicos y dos son de origen ortodoxo. El animador del encuentro, un jesuita de la comunidad de Jerusalén, es un ciudadano cristiano israelí, anteriormente responsable de los católicos no árabes en Israel (tanto ciudadanos de habla hebrea como migrantes).

Los participantes compartieron sus historias personales con el Padre General, tratando de ofrecerle una imagen de las complejidades de la vida cristiana en Israel. Compartieron los retos a los que se han enfrentado al vivir como cristianos en un Estado que se define a sí mismo como judío. Compartieron la situación de la población cristiana en Israel: las crisis a las que se enfrenta y la resiliencia de la comunidad. También abordaron la situación de la Iglesia dentro de Israel: cómo ven los cristianos dentro de Israel el conflicto que se ha estado desarrollando durante décadas entre los palestinos y los israelíes, distantes y, sin embargo, íntimamente entremezclados. Compartieron con el Padre General sus reflexiones sobre lo que significa ser ciudadanos árabes palestinos cristianos de Israel en medio del conflicto y cómo esa extraña intersección desafía su identidad y su papel. A medida que avanzaba el encuentro, ofrecieron su visión del papel de la Iglesia en el conflicto, en contraste con su propia experiencia de mantener relaciones tanto con judíos como con musulmanes, y sus esperanzas para el futuro de la región.

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Una bendición que surgió del encuentro fue una conversación sobre las posibilidades de ampliar la misión de la Compañía de Jesús dentro de la sociedad árabe palestina en Israel. Hasta ahora, la Compañía ha centrado su presencia en Belén y Cisjordania, en Palestina. Sin embargo, a lo largo de la conversación se expresó claramente el deseo de contribuir a profundizar la vida de fe y la formación cristiana también dentro de Israel. Las peticiones para hacerlo se han formulado regularmente durante años, y los jesuitas de Jerusalén y Belén (entre ellos Peter du Brul, Hans Putman, yo mismo, Garrett Gundlach, Hicham Chemali, Paul Saadé y otros) han estado haciendo incursiones en Israel durante todo ese tiempo.

La historia de la Compañía de Jesús en la región está llena de éxitos discretos que han resistido el paso del tiempo. Desde Antoine Roussos, el “sacerdote jesuita obrero” que ejerció su ministerio en Haifa, hasta mi época como vicario episcopal para los católicos no árabes en Israel, ha habido un flujo constante de jesuitas que han trabajado incansablemente para fortalecer las pequeñas comunidades católicas de habla hebrea que se fundaron a mediados de la década de 1950. Estos jesuitas han establecido las estructuras que sirven a la red mucho más grande, pero muy frágil, de comunidades católicas de migrantes en Israel, compuesta principalmente por trabajadores migrantes de Asia y solicitantes de asilo de África. La lista de jesuitas que han asumido la labor de apoyar a las pequeñas comunidades de habla hebrea incluye a José Espinoza, Juan Esquivias, Juan Manuel Martín-Moreno, Jean-Pierre Sonnet y muchos otros.

Al terminar el encuentro con el Padre General, había un sentimiento de esperanza en lo posible. Esta pequeña comunidad ha demostrado su fortaleza. En medio de tantos desafíos, ha sobrevivido, incluso ha prosperado, en un lugar donde no debería ser posible. Si han logrado lo imposible, ¿quizás sea posible entonces soñar con establecer una presencia jesuita en Galilea, tal vez con sede en Nazaret? ¿Hay otra generación de jesuitas dispuestos a asumir esta labor? ¿Puede la Compañía de Jesús estar tan abierta al futuro como estas comunidades cristianas en Tierra Santa?

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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