¡La Navidad llega para bendecir al mundo!
El nacimiento de Jesús pone de relieve el amor de Dios por la humanidad. Conocemos la famosa frase: “El Verbo se hizo carne”. Dios decidió encarnarse, nacer pequeño, necesitado e indefenso. No por encima de nosotros, ni separado de nosotros, sino entre nosotros.
¿Qué tipo de Dios decide ser así? Es un Dios que no teme a su creación. Un Dios que no se deja impresionar por el poder. Es un Dios que confía en las manos humanas, aunque sean imperfectas.
El niño nacido de la Virgen en el pesebre no se explica a sí mismo. Ni siquiera sabe hablar todavía. Ni siquiera sabe enseñar. Ni siquiera sabe hacer milagros. Simplemente existe. Sin embargo, su presencia lo cambia todo para la historia de la salvación de toda la humanidad.
En los Ejercicios Espirituales, Ignacio nos invita a mirar la vida de Jesús. No solo para analizarla, sino para verla. Para fijarnos en dónde se sitúa Dios. La Navidad nos muestra este lugar muy claramente. Dios elige los márgenes; elige la vulnerabilidad. Dios elige estar con las personas tal y como son.
Aprovechemos la oportunidad que nos brinda la Navidad para pensar dónde nos situamos hoy.
Imaginemos la escena: un niño envuelto en pañales, una madre que lo observa y un padre que lo vigila. Los pastores llegaron tal y como eran, oliendo a trabajo, sucios.
Si Dios estuvo dispuesto a venir al mundo en tales circunstancias, entonces Su presencia da valor a nuestra rutina diaria y a las cosas ordinarias que hacemos en nuestras vidas. Dios se inserta en nuestros trabajos, nuestras amistades y nuestras relaciones.
Quizás la Navidad nos invita a ver a Dios en lo ordinario. Ignacio habla de encontrar a Dios en todas las cosas. La Navidad nos da la oportunidad de hacer más concreto el encontrar a Dios en todas las cosas. Dios no se esconde en momentos excepcionales o en condiciones perfectas. Dios está presente en el abrazo de María, en la presencia de los pastores, en los animales del pesebre, en nuestro ser, en nuestra espera y en nuestras experiencias.
Dios ya está aquí. El niño Jesús yace en un pesebre, confiando su vida a la humanidad. Dios también confía en ti.
¡Feliz Navidad!







