Un noviciado echa raíces en Bangladés
Por Ripon Rozario, SJ
La creación del primer noviciado en Bangladés en 2022 supuso un hito para la Compañía de Jesús en la región, ya que respondía a las crecientes necesidades pastorales y reflejaba la confianza en que cada vez más hombres en Bangladés están respondiendo a la llamada a la vida jesuita.
Tres jóvenes de Bangladés habían completado su prenoviciado y estaban listos para comenzar su noviciado. Normalmente, habrían viajado al extranjero para ello, en la mayoría de los casos a la India y, a veces, a Sri Lanka. Pero en 2020, la pandemia de COVID-19 cerró las fronteras y detuvo la tramitación de visados.
Ante esta situación, el equipo de formación jesuita consideró tres opciones: pedir a los jóvenes que esperaran hasta que los noviciados en el extranjero pudieran volver a aceptarlos, sin un plazo claro; animarlos a unirse a otra congregación o seguir el sacerdocio diocesano; o establecer un noviciado jesuita en Bangladés.
Tras consultar y discernir en oración, eligieron la tercera opción y presentaron su propuesta al Superior General, quien reconoció la urgencia y la necesidad pastoral del momento y dio su aprobación. El 16 de julio de 2022 se inauguró el primer noviciado jesuita en Bangladés con tres novicios en una propiedad recién acondicionada en Mathbari, Gazipur. En la actualidad, hay siete novicios en formación. Dos clases de noviciado ya han completado la primera etapa de la formación jesuita; cuatro de esos hombres han hecho sus Primeros Votos y continúan sus estudios en la India.
Formados en la diversidad, arraigados en la realidad local
Una característica definitoria del noviciado es la diversidad de quienes ingresan en él. Los novicios proceden de diferentes regiones de Bangladés y traen diversos antecedentes culturales y lingüísticos, lo que les ofrece una experiencia temprana de convivencia intercultural e interlingüística, una dimensión esencial de la vida y la misión jesuitas.
La formación dentro de su propio contexto cultural y social permite a los novicios crecer en la conciencia de las realidades sociales, religiosas y políticas del país, al tiempo que aprecian más profundamente la amplitud de sus culturas locales. A través de las interacciones comunitarias y las prácticas apostólicas en todo el país, conocen de primera mano las luchas, el sufrimiento, las esperanzas y la resiliencia de la población local. Estas experiencias cultivan la compasión, la solidaridad y un sentido más profundo de la misión que dará forma a su futuro trabajo apostólico.
Vivir cerca de la gente también permite a los novicios establecer relaciones orgánicas con la comunidad local, fomentando el entendimiento y la confianza mutuos. Los novicios no se limitan a rezar y estudiar de forma aislada, sino que viven entre la población local y la sirven, compartiendo sus luchas y sus alegrías.
Construir una cultura de la vocación
Los novicios participan regularmente en las liturgias dominicales de la iglesia parroquial cercana y colaboran en diversos ministerios litúrgicos. A través de estas actividades, muchas personas han llegado a conocer más de cerca a los jesuitas. Esta visibilidad ha despertado el interés y la curiosidad de los jóvenes, abriendo gradualmente sus corazones a la posibilidad de la vida religiosa. La creciente conciencia está dando sus frutos: cada vez son más los jóvenes que están discerniendo la vocación jesuita.
Hay seis candidatos en la casa de candidatos y nueve prenovicios en el prenoviciado, y se espera que otros cinco o seis ingresen en el noviciado en este mes de junio. Lo que comenzó como una respuesta a una crisis se ha convertido en un signo de crecimiento, fe y compromiso con la preparación de hombres para el servicio de la Iglesia y la sociedad. Formados en la diversidad de sus propias culturas y las realidades de su patria, estos futuros jesuitas se preparan para ejercer su ministerio en su contexto, pero están dispuestos a ir dondequiera que la misión los llame.








