COVID-19 – Acercando a los jesuitas, desde los más jóvenes a los más ancianos

El COVID-19 ha llegado a los cuatro puntos cardinales del mundo. Y, como sabemos, ha provocado la caída de los sistemas económicos, ha creado un “distanciamiento físico”, e incluso ha alterado nuestras prácticas religiosas. A lo largo de la creciente pandemia en Canadá, muchos de nosotros no nos sentíamos afectados por este virus hasta que recibimos la noticia que nuestros compañeros más vulnerables habían contraído la enfermedad. El miércoles 22 de abril de 2020, Erik Oland, Provincial de la Provincia de Canadá, fue informado que se había declarado un brote de COVID-19 en nuestra enfermería de Pickering, Ontario. Incluso antes de que una solicitud se hiciera pública a la Provincia, dos escolares, luego un tercero y un cuarto, ya se habían ofrecido como voluntarios para ir allá. El lunes 27 de abril, cinco jesuitas habían llegado para proporcionar atención personal y apoyo subsidiario a los cuidados sanitarios - una muy bienvenida adición a un personal cada vez más reducido.

Durante la primera semana, murieron cinco jesuitas, dos de ellos en el hospital. Los otros tres fueron acompañados por los voluntarios jesuitas, de modo que ninguno murió solo. Como la penuria de personal seguía siendo una preocupación, tres jesuitas más llegaron para ayudar, así como la hermana de uno de los escolares, que es enfermera. Pero a pesar de nuestros esfuerzos, estábamos perdiendo la batalla contra el virus, y un sexto jesuita murió acompañado por sus compañeros más jóvenes.

En el momento de escribir este artículo, se ha producido un séptimo fallecimiento, pero los jesuitas restantes van recuperando la salud. Cierto es que estar presente entre nuestros compañeros moribundos trae mucha tristeza. También ha habido abundante consolación. A causa de la distancia, pocos escolares conocían a los jesuitas de la enfermería antes de venir a ayudar. Sin embargo estas últimas semanas, la gracia de una amistad sincera en el Señor se ha hecho manifiesta, mientras los jóvenes se sentaban con sus compañeros mayores. Como dijo un escolar a su hermano jesuita moribundo: “Ahora somos buenos amigos, y estoy agradecido de haberte conocido. Te quiero.” La mayoría de nosotros tuvimos experiencias similares de profundo amor fraterno. Uno de los jesuitas infectados, ahora en buena salud, nos dio, en el apogeo de sus luchas, lo único que podía: su bendición.

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Hubo momentos de verdadera impotencia: sentado al lado de un jesuita luchando por respirar, que iba perdiendo la lucha contra la infección. Ahora bien, dichos momentos nos abrieron a una profunda libertad y humildad, en nuestros compañeros de sufrimiento y en nosotros mismos, a fin de recibir la ayuda ofrecida por otros. Todos éramos profundamente conscientes de las mociones del Espíritu en nuestro corazón, entre nosotros al compartir la conversación espiritual, y a nuestro alrededor a causa de la generosidad de tantos.

También hemos tomado conciencia de ser un cuerpo apostólico enviado por el Señor. Más de uno de nosotros se ha dado cuenta de que este tiempo juntos ha sido nuestra “experiencia de Venecia”. El amor fraternal que hemos conocido con nuestros compañeros mayores y entre nosotros es un llamamiento a seguir amando. Sí, siete de nuestros hermanos han sido llevados a casa con el Señor, pero no dejamos este lugar en la tristeza. El carisma de “amistad en el Señor” experimentado por primera vez por Ignacio y sus primeros compañeros y vivido en comunidad - sin importar la edad, la etapa de formación o el grado - ha dado frutos para ser compartidos con la Provincia canadiense y nuestros compañeros en la misión.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
Communications Office
El Servicio de Comunicaciones de la Curia General publica noticias de interés internacional sobre el gobierno central de la Compañía de Jesús y sobre los compromisos de los jesuitas y sus partenarios. También se encarga de las relaciones públicas.

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