Ecología integral y política
Por Giuseppe Riggio, SJ |
RevistaAggiornamenti
Sociali, Provincia Euromediterránea
[De la publicación “Jesuitas 2024 - La Compañía de Jesús en el mundo”]
Las intuiciones de Laudato si’ exigen una nueva acción política.
Los turistas que visitaban Nápoles en la década de 1930 no tenían motivos para ir al barrio de Bagnoli, donde el gobierno italiano había instalado una serie de acerías, consideradas estratégicas para el desarrollo de la zona, en lugar de los antiguos baños termales. En la década de 1990 se decidió desmantelarlas y las administraciones públicas se vieron obligadas a hacer frente a la pesada herencia del pasado: altos niveles de contaminación, grandes dificultades de empleo, un tejido urbano y social deteriorado. En poco menos de un siglo, una zona de calidad quedó reducida a un suburbio abandonado; social, laboral, sanitaria y urbanísticamente deprimido.
La breve referencia a lo ocurrido en Bagnoli – solo
uno de los muchos ejemplos posibles – ayuda a comprender lo bien fundada que
está la intuición de Laudato si’ de
que todo está conectado, todo está relacionado, «por eso se requiere una
preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a
un constante compromiso ante los problemas de la sociedad» (LS, 91). También
destaca el papel crucial que tienen los políticos (junto con otras figuras de
la sociedad civil y del mundo empresarial) en el cuidado de la casa común.
El Papa Francisco se ha dirigido a menudo al mundo de la política pidiendo un profundo cambio de perspectiva, en el que resulte primordial cuestionarse las causas profundas de los problemas o las consecuencias de las decisiones tomadas. Muchas veces, los políticos se centran más bien en objetivos a corto o muy corto plazo, en una búsqueda frenética de soluciones para tapar urgencias más o menos inesperadas y persiguiendo consensos electorales. Se presta poca atención política a las demandas y necesidades de los excluidos o al impacto sobre el planeta de las elecciones realizadas.
Laudato si’ identifica el paradigma tecnocrático – en particular la confianza desenfrenada en la tecnología y la idea de que todo límite es superable – y el dominio de las finanzas – con la búsqueda de la maximización del beneficio inmediato, sin considerar las consecuencias para la familia humana y la creación – como los factores que condicionan la actuación de la política. Esta forma de actuar lleva a descuidar la tarea de expresar una visión global de la sociedad no solo para hoy, sino también para mañana. La encíclica afirma con contundencia que «la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia» (LS, 189).
La propuesta contracultural de la ecología integral
ofrece una alternativa. La plena asunción del principio de que «todo está
conectado» implica que las cuestiones se aborden reconociendo la complejidad de
la realidad y la necesidad de enfocarla desde una pluralidad de puntos de vista
complementarios. De este modo, las decisiones políticas pueden tener en cuenta
las profundas interconexiones que existen entre ámbitos aparentemente
distantes, evitando las consecuencias nefastas de los enfoques sectoriales (cf.
LS, 111). También se subraya la importancia de una visión amplia, capaz de
establecer prioridades a la luz de un horizonte que no aplaste el presente.
Valioso en este sentido es el discernimiento, repetidamente recordado por el
papa Francisco, que ayuda a buscar el magis,
considerando las situaciones concretas de las personas, los tiempos y los
lugares.
Encontramos este enfoque en algunas opciones a nivel internacional, como la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, que intenta combinar las tres dimensiones de la sostenibilidad: económica, social y medioambiental. Pero en Laudato si’ hay más: la atención hacia los excluidos, víctimas de la cultura del descarte, se traduce en el reconocimiento de su dignidad y, por tanto, en la opción de considerarlos no tanto destinatarios de iniciativas filantrópicas, como coprotagonistas del cambio, escuchándolos y dialogando con ellos.
Para los políticos que deseen entrar en el espíritu de
la ecología integral, resulta útil abordar Laudato
si’ no como un documento que hay que leer, sino como un camino. Este,
escribe el Papa Francisco, «será ciertamente incompleto, a través de las
cuestiones que hoy nos inquietan». También nos hace «tomar dolorosa conciencia,
atrevernos a transformar lo que sucede en el mundo en sufrimiento personal, y
reconocer así la contribución que cada uno puede aportar» (LS, 19). En estas
palabras se transparenta la influencia de la dinámica de los Ejercicios Espirituales. Esta
constatación ha animado a diversas realidades de la Compañía de Jesús, entre
ellas el centro de estudios sociales Aggiornamenti
Sociali, a elaborar diversas propuestas, como ejercicios o actividades de
formación, que parten de los contenidos de la encíclica, para favorecer la
experiencia de la conversión ecológica. Ofrecer vías a las personas que
desempeñan un papel de responsabilidad es fundamental, ya que pueden iniciar y
acompañar procesos que impliquen a una pluralidad de personas, incidiendo así
tanto en el plano cultural como en la elaboración de las normas jurídicas de la
sociedad. El cambio necesario solo será duradero si también se produce una
conversión comunitaria (LS, 219).







