Ecología integral – Un concepto del Papa Francisco

Por Paolo Conversi | Coordinador del Observatorio Laudato si’, Pontificia Universidad Gregoriana (Roma)
[De la publicación “Jesuitas 2024 - La Compañía de Jesús en el mundo”]

El concepto de ecología integral es una intuición de la encíclica Laudato si’ (LS) de 2015, que el papa Francisco dedica al cuidado de la casa común.

Asociar la ecología integral con el cuidado de la casa común nos remite al significado etimológico del sustantivo «ecología». Deriva de las palabras griegas «oikos», «casa», y «logos», «estudio, reflexión». Desde esta perspectiva, la ecología debe entenderse no tanto como una disciplina dentro de las ciencias naturales, como solemos entenderla refiriéndonos, por ejemplo, al estudio de los ecosistemas, sino como algo más amplio que aborda también las distintas relaciones dentro de nuestra casa común.

Relaciones que parten de la base de que «todo está interconectado» y que deben llevarse a cabo con responsabilidad, especialmente por parte de quien puede ejercerla: el ser humano. Al formar parte de una única familia humana interdependiente, las decisiones y el comportamiento de uno de sus miembros tienen profundas consecuencias en los demás, especialmente en los más vulnerables.

Con el concepto de «ecología integral», el Papa Francisco pretende proponer una nueva visión y un nuevo enfoque basados en un cambio de perspectiva que:

1) destaque la inseparabilidad de «la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior» (LS, 10);

2) «recupere los diferentes niveles de equilibrio ecológico: el interior, con uno mismo; el solidario, con los demás; el natural, con todos los seres vivos; el espiritual, con Dios» (LS, 210);

3) tome conciencia de la responsabilidad del ser humano, de cada uno de nosotros, hacia uno mismo, hacia el prójimo, hacia la sociedad, hacia la creación y hacia el Creador.

Este cambio de perspectiva, resultado de una toma de conciencia progresiva, apunta a la necesidad de un nuevo paradigma económico, medioambiental y social más resiliente e integrador: esta es la gran apuesta que es en realidad una revolución cultural que traerá consigo un cambio de hábitos de vida, ante todo a nivel individual. Esta «reorientación» debe pivotar sobre tres «faros de conciencia», que parecen escasear: la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Iluminados por estos faros, es posible promover nuevas actitudes y estilos de vida.

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La óptica que debe adoptarse es necesariamente global, pero debe implementarse a partir de la dimensión local: es necesario partir de lo pequeño, de los hábitos cotidianos, de los pequeños gestos de la vida diaria. La puesta en práctica a escala global y local de una correcta ecología integral es esencial para abordar eficazmente las causas de la actual crisis ético-socioambiental: nos enfrentamos a un desafío cultural, espiritual y educativo, que pone de manifiesto la necesidad de un «cambio de rumbo»: pasar de la cultura del descarte, en la que está imbuida nuestra sociedad, a una cultura del cuidado: cuidado de uno mismo, de los demás (cercanos o lejanos en el espacio y en el tiempo), y del medio ambiente.

La crisis ético-socioambiental representa así no solo una grave preocupación, sino también una oportunidad, un momento privilegiado de estímulo para una vida más auténtica y una «conversión ecológica» individual y comunitaria (LS, 219).

Para que la ecología integral sea realmente un motor de desarrollo innovador y sostenible, es necesario aprovechar el mandato bíblico de «cultivar y cuidar» nuestra casa común (cf. Gn 2,15). Se trata de dos acciones íntimamente relacionadas que afectan no solo al entorno natural, sino también a todos los que lo habitan y lo comparten con nosotros, ahora y en el futuro. «Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre los seres humanos y la naturaleza» (LS, 67), que solo puede revertir también en una mayor atención y sensibilidad hacia las «personas» que viven en las zonas más afectadas por los cambios sociales y medioambientales. Durante demasiado tiempo, este sentido de la «responsabilidad» ha estado ausente en nuestras sociedades y nuestra cultura. Crecer en la conciencia de esta responsabilidad es la mejor manera de abordar la actual crisis de sostenibilidad.

La revolución de la ecología integral que se presagia no tendrá menos consecuencias planetarias que las provocadas en los dos últimos siglos por las revoluciones industriales que han tenido lugar desde mediados del siglo XVIII.

Francisco afirma que «la humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común» (LS, 13). Todo ello nos lleva a «reconocer la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta» (LS, 15): «mientras la humanidad del período posindustrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades» (LS, 165).

El Observatorio Laudato si’ nació en 2018 en la Pontificia Universidad Gregoriana para atender a la llamada del Papa Francisco a responder a la actual crisis ético-socio-ecológica a través de un «cambio de rumbo» basado en la promoción de la ecología integral... siendo conscientes de que esto representa un gran desafío cultural, espiritual y educativo que implicará un largo camino de renovación. El Observatorio se propone desarrollar un trabajo continuo de profundización en la promoción e implementación de Laudato si’ desde un punto de vista educativo, operativo y pastoral, a nivel local y global.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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