Tala furtiva de árboles – ¿Cuándo decir «¡basta ya!»?
Por Chukwinonso Obiora, SJ | Provincia de África
del Noroeste
[De la publicación “Jesuitas 2024 - La Compañía de Jesús en el mundo”]
La experiencia de los jesuitas que «luchan» contra la tala furtiva de árboles en Nigeria fomentando y apoyando el desarrollo agrícola.
Ogbere se encuentra en la zona de reserva forestal del este del Estado de Ogun, Nigeria. Allí, al igual que en otras partes del país, abunda la tala ilegal. El ritmo al que se llevan a cabo estas actividades es descorazonador y preocupante. Lamentablemente, esto ocurre a diario, a escalas muy diferentes y durante todas las estaciones del año.
Los indígenas de Ogbere necesitan una mayor concienciación ecológica. Solo unos pocos de ellos saben que la tala furtiva de árboles provoca el cambio climático, la desertización, la erosión del suelo, inundaciones, el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera y un sinfín de otros problemas sin precedentes. La pregunta es, ¿cuándo decir «¡basta ya!», teniendo en cuenta que el hábito de la tala furtiva de árboles entre los habitantes de Ogbere se considera un medio de subsistencia?
Aprovecharse de la madera en Ogbere
En septiembre de 2022, mi encuentro cara a cara con
dos jóvenes que talaban árboles furtivamente en los terrenos pertenecientes al Xavier Jesuit Institute en el pueblo de
Eregun, Ogbere, me dejó totalmente consternado. Daba miedo verlos con machetes
y otras herramientas mecánicas. Parecían famélicos y desnutridos.
Al principio, pensé que al verme con otros sacerdotes se detendrían y huirían, pero ocurrió todo lo contrario. El de menos edad nos preguntó en su inglés pidgin local: «Padres, ¿qué hacen por esta parte del monte? ¿Nos han traído algo? Tenemos hambre, no tenemos dinero y necesitamos la madera para nuestras casas y para ganar algo».
El padre Patrick Ajewole, el párroco, les pidió que se detuvieran y nos escucharan. Hablando con ellos, nos dimos cuenta de que llevaban una semana talando ilegalmente en la zona. Uno de ellos dijo: «No éramos conscientes de los efectos y consecuencias de nuestra acción porque nadie nos lo había dicho». Se mostraron comprensivos y expresaron sinceras disculpas por haber talado furtivamente los árboles, pero insistieron en que lo hacían para tener algo de dinero para comer.
Después de que les explicáramos el impacto ecológico de su acción, guardaron sus herramientas mecánicas y se marcharon, porque les aseguramos que tendrían un medio de subsistencia si dejaban de talar furtivamente. Tres meses después, los invitamos a unirse a otros trabajadores que desbrozaban y preparaban la tierra para su cultivo.
Según los responsables de la Reserva Forestal de
Ogbere, la tala furtiva de madera es un gran problema en todas las zonas de
bosques. Los madereros ilegales cortan de todo, desde pequeños árboles tiernos
hasta devastar a gran escala arboledas enteras. Debido a la pobreza, los
furtivos no tienen en cuenta los efectos a largo plazo ni las consecuencias de
sus acciones. Cuando se enteran de esto y se les ofrecen otros medios de
ganarse la vida, pueden cambiar su forma de pensar. Así son instruidos y
animados a intervenir en la dinámica, la estabilidad, la productividad y el
equilibrio de nutrientes del ecosistema mediante prácticas agrícolas sanas. Con
el cultivo de más de 100 hectáreas de tierra con mandioca, maíz, plátano y
banana orgánicos, Xavier Jesuit Institute
aspira a sensibilizar y educar a la gente, y a encontrar sinergias con los
jóvenes y las mujeres de las zonas rurales con vistas a erradicar la tala
furtiva de madera.
Nos comprometemos a hacer de la agricultura una fuente de ingresos atractiva y viable para estas personas que se quejan de falta de recursos financieros para satisfacer sus necesidades diarias. A través de nuestros talleres, conferencias, seminarios y formación, esperamos animar a la gente a poner en marcha sus propios negocios agrícolas. Creemos que la formación agrícola y el acompañamiento pueden ayudarles a convertirse en ciudadanos sensibles a la ecología que trabajen creativamente por el bien común, independientemente de su religión, cultura o situación económica.
Dado que la población es mayoritariamente pobre y apenas conoce los efectos de la deforestación indiscriminada, los empresarios ricos que se benefician de la tala furtiva siguen utilizando diferentes tácticas para atraer a la gente a esta actividad. Los ricos llegan incluso a reclutar y sobornar a funcionarios para que permitan a los jóvenes talar árboles ilegalmente. Nuestro objetivo es reducir los ataques desconsiderados al entorno natural en Ogbere. Lo más importante es que la tala furtiva de madera puede reducirse al mínimo si, a través del fomento de la agricultura ecológica, logramos demostrar que la pobreza es superable por otras vías.
Para el Xavier
Jesuit Institute, la agricultura ecológica como estrategia de
empoderamiento se convierte en una herramienta necesaria para detener la tala
furtiva de madera en Ogbere. Sí, se podrá decir «¡basta ya!» cuando los
habitantes de Ogbere estén empoderados y convencidos de que la agricultura
ecológica puede servir como fuente alternativa de sustento. Esta es nuestra
tarea: sensibilizar y educar a la gente para que comprenda el efecto perenne y
devastador de la tala furtiva de madera.
[Fotos: Los jóvenes que talaban árboles ilegalmente trabajan ahora preparando la tierra para su cultivo]







