Un lugar en la mesa: Estudiantes de Teología y Pastoral reflexionan sobre su peregrinación sinodal
Más de 120 estudiantes de 14 universidades católicas estadounidenses se embarcaron en una peregrinación transformadora a Roma durante la Segunda Sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad. El viaje brindó a los participantes, entre los que se encontraban estudiantes de Teología del Boston College y de la Jesuit School of Theology de Berkeley, la oportunidad de comprometerse a fondo con la visión sinodal de la Iglesia como parte de la iniciativa CENTERS (Catholic Education Network to Encounter Rome and Synodality).El grupo experimentó la profunda unidad y la misión compartida de la sinodalidad a través del diálogo formal e informal con delegados sinodales, consultores y funcionarios del Vaticano.El encuentro, de una semana de duración, hizo hincapié en la escucha, la reciprocidad y la corresponsabilidad.Regresaron a casa inspirados, con una esperanza renovada y el compromiso de fomentar la sinodalidad en su universidad y en sus comunidades locales.Compartimos la reflexión de algunos de los estudiantes.
Durante la Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, más de 120 estudiantes de 14 universidades católicas de Estados Unidos se reunieron en Roma para una peregrinación sinodal de colaboración. Como estudiantes de postgrado de la ‘Clough School of Theology and Ministry’ del Boston College, nos unimos a esta iniciativa CENTERS en este momento histórico. Este viaje nos ofreció una oportunidad única de comprometernos profundamente con la visión sinodal de todo el Pueblo de Dios caminando juntos, a la escucha del Espíritu Santo, y participando en la misión de la Iglesia en comunión. Este compromiso nos ayudó, individual y comunitariamente, a comprender mejor lo que se necesita para hacer realidad esta visión de nuestra Iglesia.
A lo largo de la semana, nuestros encuentros se desarrollaron en torno a numerosas mesas. Nos conmovió la generosa presencia de los delegados, consultores y facilitadores del Sínodo, que tras largos días de escucha atenta y debates en la Asamblea General, sacaron tiempo para sentarse a la mesa con nosotros para compartir, reír y soñar. Su encarnación de la sinodalidad – escuchar con atención y entablar un diálogo abierto – fomentó un espíritu de reciprocidad que nos impulsó a responder del mismo modo. Un momento particularmente profundo tuvo lugar en el Aula de la Curia General de los jesuitas, donde creamos un mosaico compartido en el que expresamos nuestras oraciones por una iglesia sinodal, y a continuación nos bendecimos unos a otros – delegados por estudiantes y estudiantes por delegados – para el viaje que nos espera. Allí el protagonismo del Espíritu Santo estaba en acción y sirvió como recordatorio tangible de nuestra corresponsabilidad como laicos, religiosos, clérigos, y todos los miembros de la Iglesia, sentados alrededor de la mesa de nuestro Bautismo compartido.
En nuestra última tarde, se nos invitó a sentarnos en los mismos asientos en los que los delegados del Sínodo se habían reunido durante todo el mes en el Aula Pablo VI. Participamos en un diálogo retransmitido en directo con cuatro miembros clave del Sínodo: El Cardenal Mario Grech, el Cardenal Jean-Claude Hollerich, la Hna. Leticia Salazar y el Obispo Daniel Flores. Sumergirnos en la configuración de la mesa redonda, reflejando la visión del Papa Francisco de una Iglesia que camine junta en un viaje de escucha y compromiso, nos trajo tanto emoción como consuelo. Este momento trascendió la mera presencia física; fue un poderoso recordatorio de que nosotros también formamos parte de este viaje, compartiendo la responsabilidad de discernir el futuro de la Iglesia junto con aquellos que dan forma al Sínodo. A lo largo de la semana, nuestras conversaciones formales e informales con funcionarios del Vaticano y miembros del Sínodo hicieron que estos líderes de la Iglesia se sintieran más cercanos, transformándolos de figuras distantes en colaboradores accesibles en la misión de Cristo. Ya no eran responsables abstractos, sino compañeros de peregrinación con los que compartimos la responsabilidad de construir la Iglesia, todos guiados por el Espíritu Santo que habita en nosotros.
Al reflexionar sobre nuestro viaje, volvemos con un renovado sentido de la esperanza y con la voluntad de comprometernos con las cuestiones que se plantean en nuestra Iglesia y que nos llaman a abrazar la vulnerabilidad mutua para pasar de las agendas individuales a la misión compartida. Una frase que resonó a lo largo de la semana captó esta verdad: la sinodalidad es una forma de vivir, que comienza en pequeños encuentros -como compartir una taza de café- y crece hasta convertirse en un camino compartido de fe. Lo tenemos muy presente como estudiantes de teología y ministerio, con el objetivo de ser embajadores del Espíritu en acción. La invitación del Espíritu se mueve a través de todos nosotros si tenemos la voluntad y la apertura para escuchar y responder. El Sínodo sobre la Sinodalidad nos pide, como manos y pies de Cristo, que nos convirtamos en una Iglesia que escucha. La verdadera peregrinación comienza ahora, cuando volvemos a casa para alimentar las semillas de la sinodalidad en las comunidades a las que servimos, confiando en que las gracias de estos encuentros seguirán desplegándose de formas que aún no podemos imaginar.
Por Dominic Chai, SJ, Tayz Hernandez-Campero, Morgan Hodges, Alexis Larios, Carly Reidy, Anthony Russo, Rachel Sexton y Bella Statnick.







