Espiritualidad ignaciana, sinodalidad y liderazgo
Esta es una entrevista con el P. David McCallum, SJ (UEA), director ejecutivo del Programa de Discerning Leadership (Liderazgo Discerniente), que ofrece formación para responsables y oficiales del Vaticano, Superiores Generales de congregaciones religiosas y directores de organizaciones católicas internacionales sin ánimo de lucro con sede en Roma. Fue miembro de la Comisión de Metodología de la Secretaría del Sínodo de los Obispos de 2021-2022 y facilitador experto del Sínodo sobre la Sinodalidad de 2023 y 2024.
¿Existe alguna conexión entre la espiritualidad ignaciana y el Sínodo sobre la Sinodalidad? Si es así, ¿cuál es?
¡Sí! El discernimiento ignaciano. La experiencia del Papa Francisco como jesuita y su profundo conocimiento de la espiritualidad ignaciana han influido claramente en su manera de pensar sobre lo que es ser una Iglesia sinodal. Desde luego que también han influido su experiencia de trabajo como sacerdote en Argentina al servicio de los pobres, y de liderazgo de la Compañía de Jesús como Provincial allí en tiempos de intensa crisis. Una de las áreas clave en las que se centra el cambio de la Iglesia hacia un modo de proceder más sinodal (que es, en sí mismo, un estilo un tanto jesuita de atender al modo resuelto en que se hacen las cosas) es la atención al ejercicio de la autoridad y la relación entre jerarquía y participación. En este proceso de acompañar a la Iglesia a restaurar el método de la primitiva comunidad cristiana para tomar decisiones en un estilo más conciliar, el Papa Francisco ha hecho hincapié en cómo la sinodalidad debe implicar a todo el Pueblo de Dios en el proceso de toma de decisiones sobre asuntos que afectarán a todos. En particular, ha llamado la atención sobre el papel del discernimiento, tanto por parte de los individuos como de la comunidad.
¿En qué se diferencia el discernimiento de una buena toma de decisiones?
El discernimiento, entendido desde una perspectiva ignaciana, no es sólo ejercer el buen juicio o hacer lo que es más eficiente o práctico. Exige específicamente la oración sobre los asuntos importantes en cuestión, orientando a los que toman las decisiones hacia el bien mayor, hacia resultados que no sólo incluyan a todos los implicados y sus intereses, sino también el bien de todo el cuerpo que discierne. ¿Qué pide Dios hoy a la Iglesia en respuesta a los signos de los tiempos? ¿Cómo respondemos a los desafíos a los que se enfrentan las iglesias locales ante la erosión de la confianza tras la crisis de los abusos sexuales y sus consecuencias, o ante los problemas de polarización y nacionalismo? ¿Cómo trabajamos más eficazmente por encima de nuestras diferencias para promover la paz y fomentar la colaboración en cuestiones de derechos humanos, o la crisis de nuestra casa común? El discernimiento es una forma de aprender y de avanzar guiados por Dios, en lugar de intentar repetir el pasado o seguir un manual ya escrito. Nos permite proceder de un modo que es fiel al ejemplo de Jesús y a la tradición y las enseñanzas de la Iglesia, pero que también es creativo y emergente, obediente a la realidad dinámica del Espíritu Santo que está actuando aquí y ahora.
¿Y qué contribución especial aporta al Sínodo este tipo de discernimiento colectivo?
Nos ayuda a ir más allá de la toma de decisiones de arriba abajo, que a menudo tiene tantos límites, puntos ciegos y consecuencias imprevistas. Ninguna persona, ni siquiera unos pocos expertos, puede percibir y dar sentido a lo que muchos pueden percibir y comprender juntos. Y como el discernimiento que implica a todo el cuerpo de la Iglesia incluye más perspectivas, puede incluir más diversidad, contener más complejidad y llevarnos a decisiones que son mejores para toda la comunidad. Y no sólo eso, sino que a través de este tipo de compromiso amplio y maduro, las personas que forman parte de un enfoque basado en el discernimiento para la toma de decisiones también están más comprometidas y son más responsables del seguimiento. Esta es la razón por la que el discernimiento es tan importante para una Iglesia en este momento. Nos enfrentamos a grandes retos que no podemos afrontar solos, sino que necesitamos los dones de los demás para afrontarlos, igualarlos y superarlos. Necesitamos personas dispuestas a asumir una responsabilidad activa en la misión de la Iglesia de proclamar la Buena Nueva con esperanza y en formas reales de servicio y compromiso. El discernimiento en común nos ayuda a todos a ser algo más que espectadores, sino más bien, como dice el Papa Francisco, “protagonistas” que actúan de común acuerdo.
¿En qué se diferencia este enfoque del discernimiento como cuerpo de la toma de decisiones democrática?
La práctica del discernimiento como Iglesia en su conjunto requiere armonía y unión sin sacrificar nuestra diversidad. Depende del desarrollo de un consenso moral en lugar de la regla de la mayoría. La regla de la mayoría suele dejar a algún grupo o partido con la sensación de haber perdido. Pero el enfoque sinodal, basado en el discernimiento en común, significa que todos los que quieren hablar son escuchados, que hay un proceso fiable y claridad sobre quién tomará la decisión final y cómo, y que, una vez tomada la decisión final, el bien del conjunto incluye e incluso trasciende el bien de las partes. Este énfasis en la unión de todo el cuerpo de la Iglesia es uno de los mayores retos creativos dentro de este proceso global del Sínodo sobre la Sinodalidad, y no sería posible sin un estilo de discernimiento que pueda albergar diferencias, complejidad e incluso paradojas.
¿Cómo apoya el Programa de Discerning Leadership este despliegue sinodal de la Iglesia?
A través de la formación y el acompañamiento que ofrecemos, los líderes de la Iglesia descubren nuevas formas de ejercer la autoridad que incluyen y comprometen más activamente a su gente, que se sienten más congruentes con su compromiso de seguir el ejemplo de Jesús de autoridad en la relación y para el servicio, y que en última instancia son más creativas y eficaces. En los últimos cinco años hemos aprendido mucho sobre la fuerza con la que la espiritualidad del discernimiento y la práctica del liderazgo van de la mano. Y hemos descubierto lo exigente que es esto cuando intentamos practicarlo nosotros mismos -cuánto se nos llama constantemente a la conversión desde nuestro propio egocentrismo, o a dejar atrás nuestras zonas de confort para probar cosas nuevas, o a abrazar las exigencias de trabajar con personas muy diferentes a nosotros. Pero esto es a lo que Jesús nos llama como discípulos suyos e intentamos ofrecer lo mejor de nosotros mismos al servicio de Él y de Su Reino en este momento de cambios tan profundos en la Iglesia y en el mundo.
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