Los jesuitas africanos dedicados a la ciencia celebran un simposio sobre innovación en IA y en ecología
Por Didier Cimalamungo, SJ, y Anastasia Makunu
La Conferencia Jesuita de África y Madagascar (JCAM), como muestra de la palmaria convergencia entre fe, ciencia e innovación ética, ha convocado el Simposio 2025 de Jesuitas Africanos dedicados a la Ciencia (AJIS). Este año tenía como lema “Smart Planet, Just Future: AI and Ecology in the Fight for Sustainability” (Un planeta inteligente y un futuro justo: la IA y la ecología en lucha por la sostenibilidad). El simposio de cinco días se ha celebrado entre el 4 y el 8 de agosto de 2025 en AFRICAMA, centro regional jesuita de Nairobi, y ha marcado un hito en el compromiso que mantiene la Iglesia africana con un liderazgo científico en favor de la justicia ecológica.
El simposio, que ha reunido a jesuitas científicos, académicos y expertos en tecnología de toda África y otros lugares, ha investigado hasta qué punto la inteligencia artificial (IA) y la innovación ecológica pueden servir al bien común, especialmente en una región desproporcionadamente afectada por el cambio climático, la inseguridad alimentaria y los escasos recursos de sus sistemas de salud. El simposio, iniciativa de la JCAM, ha sido una muestra del compromiso que tiene la Compañía de Jesús con la educación, con la justicia y con la investigación científica en el siglo XXI. AJIS apoya a los jesuitas científicos africanos en su esfuerzo por contribuir al conocimiento global, a la vez que responde a otras necesidades locales, especialmente en comunidades que se enfrentan a una fuerte degradación ecológica, a una crisis de la salud pública y a la desigualdad tecnológica.
El simposio centró su atención sobre 12 innovadores proyectos de investigación, en los que se combinaba la innovación técnica con aplicaciones al mundo real. Los jesuitas comprometidos con el STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Matemática) tuvieron ocasión de compartir algunas investigaciones de vanguardia, reflejo del espíritu interdisciplinar y de la relevancia social que anima al simposio. Dichas investigaciones abarcaban cuatro ámbitos principales: física cuántica, biogás, ética de la Inteligencia Artificial y defensa contra los asteroides. Este vibrante panorama intelectual iluminaba desde la técnica algunas cuestiones éticas apremiantes en relación con el futuro que ahora estamos configurando, especialmente en lo que toca a las comunidades del Sur Global.
Las sesiones de investigación se abrieron aludiendo a las teorías cuánticas y de la evolución espacial. Jerome Paschal Manyahi (Universidad Católica de Mwenge, Tanzania) defendió una síntesis de la probabilidad cuántica y la evolución biológica a través del prisma del principio antrópico. Sostenía que el surgir y la sostenibilidad de la vida se pueden basar en la lógica probabilística de la mecánica cuántica, fusión de física, filosofía y teología. Adoptando una orientación cósmica distinta, Williams Dhelonga examinó la viabilidad de los viajes interestelares como respuesta a la crisis ecológica de la Tierra. En un rápido recorrido pasó revista a los métodos de propulsión, a las implicaciones éticas y al papel que juega la IA en la expansión de los límites de la humanidad al tiempo que se garantiza su supervivencia. Por su parte, Jean-Baptiste Kikwaya, en su presentación de la defensa frente a los asteroides, volvió sobre el catastrófico impacto de Chicxulub que puso fin a la era de los dinosaurios. Hizo hincapié en la importancia de las misiones internacionales que se ocupan de desviar objetos potencialmente peligrosos cercanos a la Tierra, como el Double Asteroid Redirection Test (DART) de la NASA y la sonda espacial HERA de la Agencia Espacial Europea (ESA).
En la segunda categoría, dedicada a entender los beneficios y las crisis de la IA en lo referente a ecología, varias presentaciones se planteaban el papel de la IA en distintos sectores. Boniface Mbouzao (Universidad Católica de África Central y Loyola Marymount University) hizo una exposición sobre cómo la IA ha revolucionado la educación en África, pero advirtió de los retos que plantean su regulación, el acceso a ella y su evaluación, en particular debido a la falta de financiación. Didier Cimalamungo (Jesuit School of Theology, Santa Clara University) presentó un marco ético para garantizar que la era de la revolución de la IA vaya a estar al servicio de la justicia ecológica y no sirva para exacerbar los daños. Usando un análisis de complicidad estructural social, mostró que la demanda de minerales para la tecnología de la IA contribuye a la crisis ecológica, a la vez que abogaba por una justicia ecológica restaurativa. Itua Egbor (Arrupe College University) fue muy crítico con el trabajo que se oculta tras el desarrollo de la IA. En su comunicación llamó la atención sobre la explotación a que se somete a los que recopilan datos y a los moderadores de los contenidos, procedentes con frecuencia del Sur Global. Él propone un modelo ético híbrido que combina diversas filosofías y prioriza la dignidad humana frente al beneficio.
El tercer apartado se centró en el uso de herramientas de IA en las investigaciones de laboratorio. Armel F. Setubi (Georgetown Medical Center, Center for Global Health Practice and Impact) examinó el uso de los dispositivos electrónicos que controlan la adherencia para mejorar la adherencia en la terapia antirretroviral. Estos dispositivos podrían reforzar la monitorización, reducir el rebote viral, frenar la mutación viral y la resistencia a los medicamentos, acelerando el acercamiento a los objetivos 95-95-95 de ONUSIDA. Su análisis destacaba su viabilidad, aceptabilidad y rentabilidad en el contexto africano. En el ámbito de la virología agrícola, Alain Pitti Djida (IQS School of Engineering) utilizó recientes herramientas de IA, como AlphaFold, para modelar la estructura tridimensional de la proteína asociada a la replicación del African Cassava Mosaic Virus (mosaico africano de la yuca). Su trabajo proporciona una base computacional para diseñar inhibidores que podrían mitigar las pérdidas de cosechas en todo el continente. Fabrice Kameni (Ubicom Lab, Marquette University), de manera similar, ofreció una aplicación de la IA, mejorada con tecnología cuántica, que resulta muy esperanzadora para detectar enfermedades de la yuca. Su modelo híbrido cuántico-clásico, ensayado en más de 21.000 imágenes de hojas, ha alcanzado una precisión del 87,4 %. Aunque aún se encuentra en fase de desarrollo, este modelo podría ayudar significativamente a los agricultores africanos, al permitir un diagnóstico más precoz y preciso de las enfermedades de los cultivos. Michael Otieno Ochieng profundizó en uno de los cánceres más mortales, el adenocarcinoma ductal pancreático (PDAC), y su resistencia a la quimioterapia. Su estudio ha identificado 31 proteínas exosomales asociadas a la resistencia a los fármacos, lo que sugiere nuevas vías para el pronóstico y la terapia.
El último grupo estuvo centrado en aplicaciones prácticas con impacto social directo. En el ámbito medioambiental, Pierre Luhata Lokadi (Université Loyola du Congo y Sophia University) ha llevado a cabo un estudio comparativo en Kinshasa que ha revelado que el biogás doméstico puede sustituir hasta el 76 % del uso de carbón vegetal, lo que ofrece una solución viable a la contaminación del aire en interiores y a la deforestación. Sus conclusiones abogan por iniciativas de biogás a mayor escala, optimizadas para un mejor rendimiento del metano. De manera similar, Herintsitohaina Mahasedra Ratsimbarison (Madagascar) presentó un estudio de viabilidad de pequeñas centrales hidroeléctricas en Madagascar, en el que proponía modelos basados en datos que integran las necesidades de la comunidad y la sostenibilidad medioambiental. Insistía en el empoderamiento de la capacidad local mediante una planificación cuidadosa y en un uso estratégico de los datos.
Todas esas aportaciones demuestran la profundidad que alcanza la investigación científica africana y su importancia mundial. Estos académicos, usando aplicaciones de la IA en la agricultura y la educación, modelando pandemias y amenazas planetarias, y analizando éticamente las tecnologías emergentes, muestran que África no se limita a responder a los retos locales, sino que participa activamente en los debates mundiales sobre ciencia, sostenibilidad y justicia.







