“No es un problema, es una forma de vida: los jesuitas y el ecumenismo en el siglo XXI”
El equipo directivo de la Asociación Internacional de Ecumenistas Jesuitas se ha reunido recientemente en Roma para hablar con el Padre General y sus consejeros sobre el lugar que ocupa el ecumenismo en la Compañía de Jesús. El padre Dorian Llywelyn, SJ, nos ofrece sus reflexiones tras esas reuniones.
Aportación de la Compañía al enfoque ecuménico de la Iglesia
Desde el Concilio Vaticano II, los jesuitas han desempeñado un papel sobresaliente en el itinerario ecuménico de la Iglesia. Estudiosos de la Compañía han ayudado a interpretar la Unitatis redintegratio, histórico decreto del Concilio sobre el ecumenismo, contribuyendo al diálogo oficial con protestantes y cristianos ortodoxos.
Con frecuencia, el esfuerzo de la Compañía se ha centrado en hacer del ecumenismo una dimensión cotidiana de la misión, a veces hasta tal punto de correr el riesgo de darlo por sentado. Hay lugares donde los diferentes grupos cristianos viven en armonía; en otros se relacionan entre sí con indiferencia o son rivales. Los jesuitas han trabajado codo con codo con cristianos de otras iglesias, forjando amistades más allá de las fronteras confesionales. El ecumenismo aparece de forma diferente según el contexto: donde los creyentes son perseguidos o donde la pobreza y la marginación son factores de unión, la unidad cristiana adquiere una forma práctica, ya sea abriendo una escuela a petición de los vecinos ortodoxos o prestando asistencia a víctimas de traumas en zonas de guerra.
Los Ejercicios Espirituales se han convertido también en importante herramienta ecuménica. En las casas de Ejercicios y en los Ejercicios de la 19ª anotación (Ejercicios Espirituales en la Vida Cotidiana), es ya habitual que cristianos de otras tradiciones participen y ejerzan de directores espirituales.
Aclarar malentendidos
Sin embargo, incluso tras 60 años de esfuerzo, el ecumenismo sigue siendo víctima de malentendidos. No se trata de diluir la identidad católica ni de encontrar un mínimo común denominador. El verdadero encuentro requiere honestidad y respeto por las diferencias. El objetivo no es tampoco convencer simplemente a otros cristianos “para que se vuelvan como nosotros”. Los papas, desde el Concilio Vaticano II, han enfatizado que unidad no significa absorción. El ecumenismo real reconoce la comunión que ya se comparte en Cristo y busca profundizarla pacientemente: es el magis en acción.
Por último, el ecumenismo no es una actividad minoritaria para un puñado de especialistas europeos o norteamericanos. Casi todos los avances se producen en encuentros cotidianos: en la amistad, la oración y el discipulado compartido. Para los católicos, no es un extra opcional, sino parte de la fidelidad a la oración de Cristo “para que todos sean uno” (Jn 17).
Oración compartida frente a acción compartida
A veces se debate si el ecumenismo debe hacer hincapié en el culto compartido o en la acción conjunta. En la práctica, ambos van de la mano. La oración sin acción cae fácilmente en el sentimentalismo; la acción sin oración corre peligro de convertirse en algo puramente pragmático o ideológico. Ambas cosas son esenciales. La oración nos arraiga en el don de la unidad de Dios; la acción encarna esa unidad en el servicio a los pobres, en la reconciliación y en la justicia. Los jesuitas suelen describirse a sí mismos como contemplativos en acción; el ecumenismo debe asimismo ser orante en su actividad y activo en su oración.
Cuando el diálogo se estanca
El diálogo oficial a veces llega a un punto muerto, ya sea por cuestiones de jurisdicción, de sacramentos o de títulos eclesiásticos. Tras décadas de debate, los resultados pueden parecer limitados. La “primavera ecuménica” del Concilio Vaticano II se ha enfriado. Se han alcanzado algunos acuerdos importantes, en particular con los protestantes tradicionales, pero a menudo, en las relaciones con los ortodoxos, la desconfianza mutua persiste.
En estos momentos los Ejercicios Espirituales constituyen un importante instrumento: cultivan la escucha profunda y la apertura, ayudándonos a reconocer la obra de Dios incluso cuando el crecimiento es lento o hay reveses. Es esencial tener una visión a largo plazo. Dos actitudes pastorales son especialmente útiles:
• Paciencia y honestidad: reconocer las dificultades sin minimizarlas y continuar el diálogo a nivel de base incluso cuando se estancan las conversaciones oficiales.
• Aceptación: se produce algún progreso cuando los cristianos se sienten respetados tal y como son, sin presiones para que se adapten.
Reflexiones de la reunión con el Padre General
En nuestra reciente conversación, el Padre General subrayó cinco ideas clave. En primer lugar, que el ecumenismo ya no es un “problema” en muchos lugares; esta normalidad sin dramatismos puede ser uno de sus mayores éxitos. En segundo lugar, el reciente Sínodo sobre la Sinodalidad ha dado un nuevo impulso al ecumenismo. Por su naturaleza, la sinodalidad invita a otros cristianos a caminar junto a los católicos. En tercer lugar, vivimos en un mundo que está experimentando tanto represión autoritaria como fragmentación liberal de las sociedades. El ecumenismo puede modelar el diálogo fraternal y la reconciliación, convirtiéndose así en testimonio de resistencia profética. En cuarto lugar, la unidad debe tener en cuenta las diferencias generacionales. En general, las generaciones más jóvenes están menos ligadas a las antiguas divisiones, aunque necesitan formación para evitar caer en la superficialidad. Y, por último, es importante el contexto: todo ecumenismo debe estar integrado en la cultura y la historia local. Para que sea eficaz, ha de ser diferente en Gaza y Ucrania, Kerala y Egipto, Suecia o Brasil. El centro demográfico de la Iglesia universal y la pertenencia de la Compañía de Jesús al Sur global anuncian que debe surgir un nuevo camino ecuménico.
Estas ideas confirmaron que el ecumenismo sigue siendo nuclear –de ninguna manera periférico– para la misión de la Compañía de hoy, como lo fue para la de generaciones anteriores.
Conclusión
La principal conclusión de nuestras conversaciones en la Curia, la Universidad Gregoriana y el Oriental es que el ecumenismo actual consiste en profundizar las amistades, no por mera cortesía, sino por el bien de la misión, y por eso la tarea continua en favor del ecumenismo es siempre y en todo el mundo muy urgente. Como jesuitas, aportamos a esta tarea nuestra forma característica de proceder. El ecumenismo, en este sentido, no es un programa, sino una forma de ser Iglesia juntos, una forma auténticamente jesuita y profundamente necesaria hoy en día.







