P. Victor Dillard: Jesuita beatificado entre los mártires franceses
El 13 de diciembre de 2025, 50 mártires franceses serán beatificados en la catedral de Notre-Dame de París por el cardenal Jean-Claude Hollerich, SJ, en representación del Papa León XIV.
Entre ellos hay 33 jóvenes pertenecientes a la Jeunesse Ouvrière Chrétienne (JOC – Juventud Obrera Cristiana) o a los Scouts de France, tres seminaristas, nueve sacerdotes diocesanos, cuatro jóvenes franciscanos y un jesuita: el P. Victor Dillard, el mayor de los 50. Todos ellos fueron sometidos a trabajos forzados en Alemania en 1943 en el marco del Service du Travail Obligatoire (STO – Servicio del Trabajo Obligatorio) y posteriormente fueron arrestados por su participación en actividades pastorales clandestinas en virtud de un decreto nazi. La mayoría fue trasladada a campos de concentración, donde murieron en 1944 o 1945 por odio a la fe.
El P. Victor Dillard nació en Blois el 24 de diciembre de 1897. Sus nueve hermanos, entre los que se encontraba una monja, recibieron una buena educación. Al terminar la escuela secundaria en 1914, ingresó en el servicio militar, siguiendo el ejemplo de dos de sus hermanos. Terminó la Primera Guerra Mundial como teniente y destacó por su valentía y liderazgo.
En 1919, mientras prestaba servicio en el ejército francés en Włocławek (Polonia), el P. Dillard vivió un momento espiritual decisivo. Ante una estatua de Cristo prometió castidad y expresó su deseo de convertirse en jesuita. Ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en noviembre de ese mismo año.
En 1921, tras pronunciar sus votos, Victor Dillard comenzó una larga carrera como educador. Enseñó en cinco colegios, especialmente en Sainte-Geneviève, en Versalles. Estudió teología en Lyon-Fourvière y más tarde en Innsbruck (Austria). Fue ordenado sacerdote en Blois el 29 de junio de 1931. Durante su Tercera Probación en Paray-le-Monial (1934-1935), completó su primer libro, To the Unknown God (Al Dios desconocido), un volumen de reflexión espiritual y teológica fruto de su experiencia personal.
Ya antes de su formación filosófica, el P. Dillard mostraba un gran interés por la doctrina social de la Iglesia, el derecho internacional y la economía política. En 1937 fue destinado a Action Populaire (Acción Popular) en Vanves (París), un centro jesuita dedicado a la investigación y la formación social. Durante este tiempo, se familiarizó con el mundo de los trabajadores y la Jeunesse Ouvrière Chrétienne. Tras una estancia en Estados Unidos en 1938, escribió dos libros sobre los jóvenes estudiantes y los trabajadores de ese país.
De vuelta en Francia y movilizado de nuevo en el ejército, fue capturado por los alemanes en 1940, pero aun así consiguió dar retiros y cursos sociales para oficiales. Escapó y fue destinado a Vichy, donde, durante tres años, se dedicó a difundir la formación social y a denunciar el nazismo, el comunismo y el antisemitismo.
En marzo de 1943, se aplicaron las leyes del Service du Travail Obligatoire, que enviaban a los hombres de entre 21 y 23 años a trabajar a Alemania. La Iglesia francesa decidió entonces acompañarlos en su vida cristiana. A petición propia, el P. Dillard fue destinado por su Provincial a Alemania como sacerdote clandestino. Bajo la apariencia de un trabajador, fue enviado a Wuppertal, donde trabajó como obrero, pero aun así logró estar presente en los distritos industriales entre los jóvenes católicos. Siete meses más tarde, fue denunciado, encarcelado, maltratado y finalmente deportado en 1944 al campo de concentración de Dachau, cerca de Múnich.
En Dachau, el P. Dillard contrajo una infección generalizada tras la amputación de una pierna. Murió el 12 de enero de 1945.
A lo largo de su vida, el P. Dillard fue un educador al servicio de los jóvenes. Siempre trató de que la disciplina escolar fuera aceptada por los alumnos, en lugar de impuesta por la fuerza o el castigo. Como intelectual, fue autor de seis libros y varios cientos de artículos en un ministerio relativamente corto. Su actividad intelectual se nutrió de sus contactos con la Jeunesse Ouvrière Chrétienne y la clase obrera, a la que acompañó hasta el final.
Sus últimos Ejercicios Espirituales anuales, en septiembre de 1943, revelan una clara conciencia del peligro al que se enfrentaba, pero sin temor a la muerte, reafirmó que su vida ya había sido entregada de una vez por todas. Fue arrestado el Domingo del Buen Pastor, y señaló que el Buen Pastor –con quien se identifica– debe dar su vida por sus ovejas.
En una de sus cartas, cuando estaba a punto de ser llevado a Dachau en noviembre de 1944, confiesa que ha entregado toda su vida a Dios y que Dios hará lo que Le plazca. Y exhorta a sus amigos: “Seguid siendo cristianos firmes y amad a Cristo con todas vuestras fuerzas. Él es el fundamento de todo y la solución a todos los problemas. Es Él quien saldrá victorioso.”
El ejemplo del P. Victor Dillard presenta a la Iglesia a un jesuita que unió el rigor intelectual con el compromiso social y el valor pastoral. ¡Que su ejemplo siga inspirándonos a todos!







