Una misión, muchos corazones, arraigados en Cristo | 175 años de misión jesuita en Belice
La visita del Padre General a la Provincia Central y Meridional de Estados Unidos (UCS) ha tenido continuación en una visita al trabajo de la Compañía en Belice. La misión de Belice se integró en la Provincia de Misuri de la Compañía de Jesús en 1894, Provincia que se convirtió luego en la Provincia UCS en 2014. Durante 175 años, la Compañía ha servido a la población de este país centroamericano. A continuación, presentamos el extracto de una breve historia de la Compañía de Jesús en Belice, escrita por Charisse Broderick King.
Cualquier análisis histórico del moderno Belice queda incompleto si no incluye la presencia de la Compañía de Jesús. Conocido como la “Joya del Caribe”, este pequeño y hermoso país, con su compleja historia, se encuentra en la costa este de Centroamérica. Su población de poco menos de 425.000 habitantes, de ascendencia maya, mestiza, criolla y garífuna, conforma un rico entramado cultural y tradicional del que los jesuitas han sido hilo conductor durante los últimos 175 años, desde su llegada en 1851.
Una breve historia
Los mayas fueron los primeros en poblar la región que hoy conocemos como Belice desde el año 1500 a. C., y su civilización floreció hasta alrededor del año 1000 d. C. Los exploradores españoles viajaron a la zona a principios del siglo XVI y fueron los primeros europeos en intentar colonizar a los mayas que vivían en la península de Yucatán. Atraídos por la abundancia de palo de tinte y caoba en la zona, los británicos comenzaron a enviar expediciones durante el siglo XVII. Las tensiones entre España y Gran Bretaña por los derechos de asentamiento y los recursos se intensificaron, culminando en la Batalla de Cayo San Jorge el 10 de septiembre de 1798, tras la cual los británicos expulsaron a los españoles y asumieron el control. Honduras Británica fue declarada oficialmente colonia en 1840.
Bajo el dominio británico, la composición cultural de la región comenzó a cambiar. Los británicos trajeron esclavos africanos de Jamaica, Bermudas y otras colonias británicas de Centroamérica, quienes se asimilaron para formar una nueva cultura criolla (kriol). Los garinagu, descendientes de caribes y arahuacos de las Antillas Menores, que se habían resistido a la colonización británica y francesa, fueron exiliados por la fuerza al norte de Honduras, tras una rebelión fallida, a finales del siglo XVIII. En 1802, comenzaron a migrar en bote hacia la costa sur de Belice. A partir de 1847, tras la Guerra de Castas con los mayas de Yucatán, miles de refugiados mestizos católicos huyeron a la región norte de Honduras Británica.
La llegada de los jesuitas y su impacto inicial
En respuesta a la afluencia de estos refugiados católicos fueron enviados los jesuitas por primera vez a Honduras Británica en 1851, como obra de la Provincia inglesa, y comenzaron a establecer una presencia católica permanente en la región. Tomaron a su cargo la construcción de la primera iglesia católica que se conserva hasta la fecha, la Parroquia del Santo Redentor, en la Ciudad de Belice. Los jesuitas, principalmente europeos, fundaron durante los siguientes 50 años iglesias y escuelas católicas, incluyendo el St. John’s College (SJC) en 1887. El jesuita siciliano, el P. Salvatore di Pietro, se convirtió en el primer obispo en 1888; los jesuitas continuaron sirviendo como obispos en Belice hasta 1983. La Provincia inglesa transfirió en 1893 la misión a la Provincia de Missouri de la Compañía (ahora Provincia Central y Meridional de Estados Unidos).
Papel en el Movimiento de Independencia
Honduras Británica pasó a llamarse oficialmente Belice en 1973 y obtuvo su plena independencia de Gran Bretaña el 21 de septiembre de 1981. Las semillas del movimiento independentista habían estado creciendo durante décadas, cultivadas con la influencia y el apoyo de los jesuitas.
El P. Jeremy Zipple, SJ, superior interino de la misión y prefecto de pastoral e identidad en el campus del St. John’s College, está trabajando en un documental para celebrar el 175º Aniversario de la presencia jesuita en Belice. Señala que el P. Edward O’Donnell, SJ, director del St. John’s College a principios de la década de 1940, fue fundamental en la movilización para la independencia. Según el P. Zipple, “el P. O’Donnell, a instancias del presidente de la asociación de exalumnos, que reconocía el lugar de Belice como un país en proceso de autodeterminación, comenzó a reunirse con un grupo destacado de estudiantes para enseñarles y familiarizarlos con las enseñanzas sociales de la Iglesia”.
Del grupo de estudiantes formaba parte George Price, ahora conocido popularmente como “Padre de la Nación”, que llegó a ser primer ministro de Belice, ocupando la suprema magistratura del país durante 27 años seguidos, así como sus compañeros de clase Philip Goldson, Herman Jex, John Albert Smith, Leigh Richardson y Nick Pollard Sr. Los miembros de este grupo se convertirían en líderes políticos y asegurarían la independencia de Belice, estableciendo políticas basadas en los conceptos de justicia social que habían aprendido en el SJC.
El P. Brian Christopher, SJ, actual superior de la Comunidad de la Compañía de Belice, señala que el preámbulo de la Constitución de Belice “se lee como un manual sobre el pensamiento social católico”, debido a la formación de sus fundadores, del St. John’s College.
Otro factor clave en el movimiento independentista fue la introducción de cooperativas y uniones de crédito, que lograron alfabetizar en materia de finanzas, impulsar las economías locales y la resiliencia social, fortaleciendo a la vez la comunidad y autonomía personal de los beliceños. El P. Marion Ganey, SJ, es el fundador de la primera cooperativa de crédito en 1943, y el P. Henry Sutti, SJ, en ese mismo año, da origen a la Holy Redeemer Credit Union (Cooperativa de Crédito Santo Redentor), que llegó a ser una de las de mayor tamaño. Una década después había más de 22 cooperativas de crédito en todo el país, junto con cooperativas de vivienda, comercio y agricultura. La hermana mayor de George Price, Jane Usher, se convirtió en presidenta de la Holy Redeemer Credit Union y ocupó ese cargo hasta su fallecimiento en 1981 a los 101 años.
Fomentando la fe: parroquias y vida misionera
Desde su llegada en 1851, el empeño principal de los jesuitas en Belice ha sido la formación católica. Comenzando con el Santo Redentor, fundaron las primeras iglesias católicas de los siete distritos del país. A día de hoy los jesuitas continúan ejerciendo su ministerio en varias parroquias, entre ellas San Pedro Claver en Punta Gorda, con sus 31 estaciones misioneras en todo el sur de Belice; San Juan Vianney y San Martín de Porres en la Ciudad de Belice; Nuestra Señora de la Asunción en Cayo Caulker, una pequeña isla frente a la costa este; y tres iglesias en el valle del río Belice.
El P. Richard Hadel, SJ, vivió y trabajó en el Saint John’s College de Belice como escolar jesuita entre 1959 y 1962 y como sacerdote entre 1972 y 1981. También pasó un año allí entre 1970 y 1971, mientras cursaba su doctorado en antropología. Durante este tiempo, vivió en Seine Bight, una península con el mar Caribe a un lado y una laguna al otro. En aquel entonces, la única conexión con tierra firme era a través de un dory, una especie de canoa. Los habitantes de Seine Bight hablaban garífuna, una lengua amerindia.
El P. Hadel dedicaba cuatro horas diarias a aprender garífuna, y para Navidad ya había traducido la misa a ese idioma. El obispo O. P. Martin, primer obispo nacido en Belice, aprobó la traducción y su uso. Así fue como, en la aldea de Seine Bight, en la Nochebuena de 1970, el P. Hadel se convirtió en el primer sacerdote en celebrar la misa en garífuna, lengua del pueblo caribe.
Recuerda con orgullo que una de las mujeres se le acercó al final para decirle que escuchar la misa en su lengua materna “le había llegado al corazón” y que le vino a la cabeza: “Gracias, Señor, por permitirme hacer esto, porque esta gente nunca volverá a ser la misma. Podrán llamar a Dios ‘Padre Nuestro’ en su propia lengua.”
El P. Hadel recuerda que todos los sábados por la noche, alrededor de una hoguera, la gente cantaba canciones inventadas sobre sus luchas cotidianas, y las compartían como entretenimiento. Llegó a entender esta práctica como una forma que usaba la gente para ejercer su capacidad de acción y así afrontar la impotencia cantando sobre ella con alegría y convirtiéndola en algo positivo.
El P. Hadel colaboró en un diccionario de lengua garífuna creado por el difunto P. John Stochl, SJ. El P. Hadel y el P. Richard Buhler, SJ, fundaron además una pequeña revista llamada Estudios beliceños, que tenía como objetivo elevar y celebrar la historia y la cultura de Belice, tan menospreciada durante el dominio colonial.
Escuelas y Scouts
Originalmente establecido según el sistema educativo británico y con la tutela de los jesuitas, el St. John’s College de la Ciudad de Belice comprende ahora una escuela secundaria para varones, un colegio universitario mixto y una universidad. Al ser la escuela más grande de Belice, se convirtió en universidad en 2023.Bajo el liderazgo de la presidenta Mirtha Alicia Peralta, es considerada una de las instituciones más prestigiosas de Centroamérica y ha formado líderes de toda la región.
Es innegable el impacto continuo del St. John’s College en Belice. En palabras de la Dra. Peralta “el pueblo beliceño les ha amado [a los jesuitas] desde sus inicios, ha amado las obras que realizan, ha creído en el carisma ignaciano y ha confiado profundamente en ellos por todo lo que han hecho: han creado las primeras cooperativas de crédito, han abierto la primera escuela de magisterio y ha traído a Belize la educación superior. El impacto es increíble. Sin ellos, no creo que tendríamos una comunidad educada como la que tenemos hoy.”
El P. Leo Weber, SJ, comprendió que una población informada era fundamental para fomentar una democracia joven. El P. Weber, fallecido el 3 de febrero de 2025, fue presidente del SJC en dos períodos diferentes y dedicó la mayor parte de sus 81 años de vida apostólica a Belice. Fue reconocido como “Patriota Beliceño” en 2023.
La Dra. Peralta comenta con cierto orgullo que muchos de los funcionarios electos de Belice, incluidos tres de los cuatro primeros ministros, se han educado en el SJC. El P. Christopher cree que “no existe otro lugar en el mundo donde la Compañía de Jesús haya tenido un impacto tan grande en la vida de una nación”.
La Dra. Peralta se toma muy en serio su rol en el St. John’s College, impulsando el mismo impacto positivo, especialmente como primera presidenta de la institución. “Mi propósito es servir al pueblo de Dios y abrir oportunidades”, ha dicho, señalando que parte de ello es abrir puertas a las mujeres que vendrán después de ella.
Los jesuitas han fundado y continúan trabajando además en otras escuelas en todo el país, entre ellas dos escuelas primarias conectadas a las parroquias de la ciudad de Belice y otras 29 en la parroquia San Pedro Claver en el distrito sur de Toledo, cerca de Punta Gorda.
El hermano Karl Swift, SJ, jesuita nacido en Belice y ahora nonagenario, que ayudó a fundar la parroquia de San Martín de Porres en la Ciudad de Belice, señala que los modelos educativos establecidos inicialmente por los jesuitas, fueron adoptados por el gobierno beliceño, incluyendo la escuela agrícola Lynam College, donde trabajó a finales de la década de 1960, y la escuela de magisterio. “Los jesuitas lo iniciaron; el gobierno lo copió”, dice el hermano Swift, porque el gobierno reconoció que el enfoque de la Compañía había ayudado a prosperar a los beliceños y a su país.
En la década de 1960, el hermano Swift advirtió que los estudiantes de San Martín necesitaban algo constructivo que hacer con su tiempo tras la escuela. Tomó inspiración del programa de escultismo que el hermano jesuita John Mark, “Brah Jake” Jacoby, había hecho nacer en el Santo Redentor en 1931 y que se había hecho tan popular que llegó a contar con más de 300 participantes. El hermano Swift se dedicó a organizar programas recreativos de fútbol, baloncesto y boxeo. Estas oportunidades extracurriculares ayudaban a formar a los estudiantes más allá del aula y a prepararlos para el futuro. En 2016, el hermano Swift fue nombrado “Héroe Nacional” de Belice, en reconocimiento a su vida de servicio. El salón parroquial de San Martín lleva su nombre.
Servicio continuo y asociación continua
Hoy en día, cerca del 40% de Belice es católico. Hay ocho jesuitas en misión en el país, y aún persiste la necesidad y el deseo del carisma ignaciano. El P. Christopher encuentra que la formación laica es actualmente uno de los enfoques apostólicos más cruciales. “Los beliceños tienen hambre, no solo de espiritualidad en general, sino de la espiritualidad profunda que surge del sentido de misión, de un sentido de propósito y un sentido de responsabilidad por el bienestar de la comunidad en general”, afirma el P. Christopher.
E inmediatamente P. Christopher añade que ninguna de las obras de Belice fue originada solo por jesuitas. Los laicos, especialmente mujeres, estuvieron siempre involucrados, algo que era ya una realizad en los primeros éxitos de San Ignacio. Continuar colaborando con los laicos, por lo tanto, “ahora, más que nunca, forma parte de nuestro enfoque”.
Formación y colaboración siguen siendo dos dimensiones clave de la labor de la Compañía de Jesús en apoyo a la Iglesia local. Desde 1994, los jesuitas colaboran con las Hermanas de la Misericordia para hacer posible la Anotación 19 de los Ejercicios Espirituales; hasta la fecha, han participado más de 260 beliceños. A partir de 2024, el P. Christopher y el hermano Glenn Kerfoot, SJ, han acompañado a seis previos participantes a lo largo de dos años para permitirles llegar a ser directores espirituales. El P. Andrés Vall-Serra, párroco de San Martín de Porres, ha trabajado en la formación de líderes laicos para la parroquia y acompaña a su segundo equipo en el Programa JustFaith para ayudar a los feligreses a integrar la fe y la justicia más profundamente.
Tras haber pasado 14 años –gran parte de su vida jesuita– en Belice, el P. Christopher pone de relieve que la relación de formación es recíproca. A través de las relaciones que se van forjando en las comidas, dice, con el trabajo compartido y las experiencias que fomentan el respeto mutuo, “la gente de aquí me ha enseñado a ser sacerdote”. “Toda la Provincia se ha enamorado de Belice gracias a esas relaciones. Hemos aprendido lo que significa ser una iglesia beliceña rodeándonos de beliceños.”
El P. William Snyders, SJ, que trabajó en el St. John’s College de Belice, en Caye Caulker y la Prisión Central de Belice entre 1981 y 1996 y entre 2002 y 2019, coincide con la observación del P. Christopher. “El mayor beneficio es para el propio jesuita”, dice Snyders, señalando que el tiempo que pasó en Belice, y especialmente “la diversidad y la maravilla de la gente que conocí”, le abrieron los ojos a la inmensidad del mundo.
El P. Christopher cree que, al cabo de 175 años, la presencia de los jesuitas en Belice sigue siendo importante. Cada una de las cuatro Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús tiene su presencia en los diversos ministerios. Y subraya la importancia de tener una presencia relevante para toda la Iglesia de Belice.
“Nuestra espiritualidad aporta algo importante a un país tan herido y dolido, un país cuyo futuro a veces parece incierto, pero que a la vez posee una belleza inmensa. Se trata de encontrar a Dios en los buenos, en los malos momentos, y en todos los demás. Es ofrecer nuestra espiritualidad a un país joven que intenta todavía formular sus relatos fundacionales.”
[Fotos por cortesía de los jesuitas de Belice y la Provincia UCS]







