El Servicio Jesuita a Refugiados en Tailandia – Al servicio de la región de Asia-Pacífico desde hace más de cuatro décadas

El 6 de agosto de 1981 visitaba el P. Pedro Arrupe, SJ, entonces Superior General de la Compañía de Jesús, la comunidad jesuita de Xavier Hall, en el corazón de Bangkok (Tailandia). Se trataba de la última parada de su visita apostólica por Asia, en lo que él mismo describió como su “canto del cisne”. Durante la visita, se le informó de los primeros pasos que daba en Asia el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), organización que él mismo había fundado hacía menos de un año en respuesta a la crisis humanitaria de los “boat people” vietnamitas.

Al día siguiente, mientras regresaba a Roma, el P. Arrupe sufrió un ictus que acabaría por poner fin a su ministerio activo. Pero la labor del JRS continúa, y ha ampliado su radio de acción mucho más allá de su misión original de acompañar, servir y defender a millones de refugiados, personas desplazadas y otras personas que viven al margen de la sociedad. Cuarenta y cinco años después, el actual Superior General de la Compañía de Jesús, P. Arturo Sosa, SJ, acaba de visitar aquella misma comunidad de Bangkok para conocer la labor que el JRS ha llevado a cabo durante las décadas transcurridas y para informarse de los retos a los que se enfrenta hoy en día.

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La mañana ha comenzado con una intervención del P. Joseph Hampson, SJ, director regional del JRS para Asia-Pacífico, y de Bonita Prasetyo, directora del Proyecto de Educación Urbana del JRS Tailandia, que han esbozado algunos de los mayores retos a los que se enfrenta el JRS en la región. El reciente conflicto entre Irán y EE. UU. ha creado una crisis energética en toda Asia, lo que ha agravado los desplazamientos y ha puesto de manifiesto la brecha cada vez mayor entre las naciones más ricas y las más pobres de la región. Mientras tanto, la guerra en Myanmar continúa sin tregua, llegando a niveles récord el reclutamiento forzoso y la persecución cada vez mayor de los rohingya, lo que lleva a que un número cada vez mayor de personas emprenda peligrosos viajes por tierra y mar hacia países vecinos como Malasia e Indonesia.

El cambio climático está afectando, asimismo, y de manera desproporcionada, a la región de Asia-Pacífico. Aproximadamente el 70% de las zonas terrestres del mundo más vulnerables al calor extremo, al aumento del nivel del mar, a los ciclones tropicales y a la reducción de la disponibilidad de agua, se encuentran en esta región. Se estima que, sólo en 2025, las catástrofes relacionadas con el clima desplazaron a 5,6 millones de personas en Filipinas, 780.000 en Vietnam y 749.000 en Indonesia. Pero quizá el mayor desafío provenga de la situación tan impredecible de la política internacional. La financiación destinada a la labor humanitaria ha disminuido significativamente, a medida que la política exterior tradicional –basada en la solidaridad, la colaboración y el beneficio mutuo– ha ido dejando paso a relaciones cada vez más transaccionales que a menudo favorecen a los ricos y poderosos, lo que reduce los recursos disponibles para responder a las crisis más acuciantes de la actualidad.

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Ante unos problemas que con frecuencia parecen abrumadores, el JRS sigue prestando su servicio con actuaciones que superan con creces lo que sus limitados recursos podrían hacer esperar. Tras el devastador terremoto de magnitud 7,9 que sacudió Myanmar en marzo, el JRS fue una de las primeras organizaciones no gubernamentales en responder sobre el terreno. Proporcionó ayuda inmediata de alimentos a casi 4.000 personas, mientras que otras 4.000 recibieron apoyo en especie. El JRS reconstruyó además 78 refugios, reparó puentes y pozos, y construyó un centro comunitario para ayudar a las familias a empezar a reconstruir sus vidas. Y el JRS sigue en la actualidad apoyando a las comunidades desplazadas de Myanmar, a la vez que proporciona educación a niños cuyas familias se han visto desarraigadas por el conflicto y las catástrofes.

El JRS adapta su misión a las necesidades locales a lo largo y ancho de la región. En Malasia, se centra en la formación profesional y la enseñanza de idiomas. En Camboya, acompaña a personas apátridas, a refugiados y personas que solicitan asilo. En Indonesia, el JRS ofrece servicios sociales y jurídicos a los refugiados, mientras que en Singapur brinda formación en informática. En Australia, el JRS lleva a cabo programas de defensa de los derechos de las mujeres y los niños migrantes que han sufrido abusos, que son víctimas de la trata de personas o de violencia doméstica.

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El JRS presta servicios esenciales, en toda Asia, a personas que han quedado al margen de unas redes de seguridad social cada vez más frágiles. Desde la alimentación y el alojamiento hasta la educación, el trabajo social, la atención a la salud mental y la asistencia de emergencia, el JRS llega a un número extraordinario de personas a pesar de ser una organización relativamente pequeña. El JRS no se define por las cifras ni las estadísticas. Su misión gira fundamentalmente en torno a las personas y sus historias.

Como ilustración de lo que hace, el JRS invitó a cinco refugiados, migrantes y solicitantes de asilo para que compartieran sus experiencias personales con el Padre General. Éste les escuchó mientras hablaban de lo que significa vivir como refugiados o apátridas: la lucha diaria por conseguir comida y alojamiento, el miedo constante a ser detenidos o deportados, la incertidumbre que marca todos los aspectos de sus vidas. Uno de los invitados describió la angustia de pasar demasiado miedo como para buscar la atención médica urgente que necesitaba un ser querido, o de sufrir explotación porque los responsables sabían que denunciar el abuso a las autoridades simplemente no era una opción. Hombres y mujeres de notable coraje y valentía, procedentes de Camboya, Pakistán, Vietnam y Myanmar, compartieron historias de resiliencia y de esperanza mientras se esfuerzan por construir un futuro mejor para ellos y sus familias, incluso cuando la ya limitada ayuda de la que disponen sigue disminuyendo.

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Al final de la sesión, el Padre General agradeció a los invitados su valentía para compartir experiencias tan profundamente personales y expresó su reconocimiento por la labor del JRS. Haciéndose eco del llamamiento del Papa León a que la Compañía de Jesús permanezca presente en las fronteras de la misión, reafirmó su solidaridad con el JRS Asia-Pacífico y animó a su personal y a sus voluntarios a seguir acompañando a los pobres, los indefensos y los marginados.

Ahora que el Padre General parte de Tailandia hacia Indonesia –destino final de su visita apostólica–, resulta imposible no reflexionar sobre lo mucho que ha crecido el JRS desde que el P. Arrupe se despidió de los jesuitas de Tailandia en 1981. Lo que comenzó como respuesta a una crisis concreta de refugiados, se ha convertido en un ministerio global de esperanza, que acompaña a innumerables personas obligadas a huir de sus hogares y recuerda al mundo que, incluso en medio de un sufrimiento sin medida, la dignidad humana permanece siempre en el centro de nuestra misión compartida.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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El Servicio de Comunicaciones de la Curia General publica noticias de interés internacional sobre el Padre General, sobre el gobierno central de la Compañía de Jesús y sobre los compromisos de los jesuitas y colaboradores en la misión. También se encarga de las relaciones públicas y con los medios de comunicación.

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