Vietnam: Transformar los retos de la vocación en oportunidades de crecimiento
Por Pierre Bélanger, SJ | Colaboración especial
En un artículo anterior, el director delPrograma del Candidatado de la Compañía de Jesús, P. Pham Duy Anh, nos presentaba este singular proyecto de acompañamiento de jóvenes, generalmente veinteañeros, que piensan hacerse jesuitas. Es un proceso que dura varios años. Durante el último, los candidatos viven en contexto de pre-noviciado, con vistas a un discernimiento final sobre su entrada en la Compañía. Viven en una residencia con un estilo de vida que hace más fácil, tanto a los candidatos como a los responsables de la formación, un buen discernimiento.
Anh
nos ha descrito muy acertadamente el contexto social y religioso que anima a un
buen número de jóvenes a pensar en la vida religiosa y en la Compañía de Jesús.
Reconoce que con su centenar de candidatos en camino, el Señor bendice a la
Compañía en lo que concierne a vocaciones, pero que éstas son también fruto de
una seria inversión de los jesuitas de la Provincia con su testimonio de vida y
su compromiso. Sin embargo, en Vietnam, como sucede en otros lugares, no puede
darse nada por descontado. Pedimos al director del candidatado que nos hable de
los problemas que han de afrontar los candidatos... y de los que encuentran él
y sus ayudantes en su actividad de ayuda a estos jóvenes ocupados en hacer un
buen discernimiento. Nos responde así.
“El primer paso, tanto para el candidato como para nosotros formadores, es clarificar la motivación profunda que hay detrás del deseo de ser jesuita. Al llegar los candidatos suelen expresar motivaciones muy sencillas, como deseo de tener una vida feliz, ganas de paz interior o deseos de servir a Dios. El servicio lo entienden como algo externo, de obras, propio del ‘hacer’. Nosotros les ayudamos a descubrir la dimensión del ‘ser’, la elección de entregarse al seguimiento de Jesús a través de una vida marcada por los votos de pobreza, castidad y obediencia. De hecho, para ser sinceros, Jesús mismo tuvo que ayudar a sus apóstoles a ir comprendiendo el sentido de la Última Cena y el significado de la Cruz. Tardaron mucho tiempo en entender.
De modo que, si nuestros candidatos llegan con entusiasmo y creatividad, tenemos que ayudarles a profundizar, a escuchar pacientemente la llamada de Dios. Supone también un problema aprender el lenguaje específico de la vida religiosa. Más que nada, significa quizá un verdadero desafío permitir que vaya creciendo en el interior de la persona aquella libertad interior que hace posible el hecho de ser enviado, por otra persona, a una misión tras otra por el mundo. Lo cual implica también una maduración de la pobreza y la obediencia.
Uno
de los problemas a los que nos enfrentamos los formadores, es el cultural. Está
ligado a la globalización, que afecta también a Vietnam y a los jóvenes
vietnamitas en particular. Internet, la música y la moda occidentales influyen
en la vida de los jóvenes que acuden a nosotros. Es verdad que, como asiáticos,
tenemos unos recursos que nos permiten superar tales tentaciones. Por ejemplo,
un fuerte sentido de familia y de comunidad. Pero es verdad que, en este mundo tan
ruidoso, que favorece la distracción, a nuestros candidatos puede costarles vivir
la soledad imprescindible para la vida religiosa: no son personas especialmente
tranquilas ni propensas a hacer una pausa. El verdadero reto es ayudarles a caer
en la cuenta de que en la quietud pueden palpar a Dios, sentirle presente,
unirse a Él. Cuando palpan a Dios, advierten el potencial de cambio que tiene
para sus vidas.”
No querríamos que Duy Anh eludiera un tema candente, siempre que se trata de vocación religiosa: el tema de la sexualidad. Es una dimensión de la vida humana que necesita encontrar un camino peculiar para quienes se proponen hacer voto de castidad. Y la cuestión de la homosexualidad, muy discutida en relación con los seminarios y los sacerdotes, ¿cómo la aborda el programa de candidatado? Damos la palabra de nuevo al padre Anh.
“Las cuestiones de la homosexualidad y las experiencias sexuales de los jóvenes son temas delicados en Vietnam. Parece que muchos jóvenes no católicos aceptan la práctica homosexual y el ejercicio de la sexualidad antes del matrimonio. Entre los católicos, vemos que es diferente. Pero nuestros candidatos se enfrentan ciertamente a estas cuestiones. Seguimos las enseñanzas de la Iglesia y las normas de la Compañía. Si un candidato tiene orientación homosexual pero no practica la homosexualidad en sus relaciones, podemos aceptarlo. Si no es así, no podemos aceptarlo. En cuanto a tener relaciones sexuales, algunos de los candidatos han vivido estas prácticas antes de venir a nosotros, Son experiencias que les han marcado, y eso supone una oportunidad de discernimiento sobre su capacidad para vivir los votos en el futuro.
En
lo que toca a la pobreza, necesitan también progresar y discernir. Muchos de
los candidatos han desarrollado ya una vida profesional. Respetamos su vida
privada anterior al noviciado, pero cuando están en la etapa del pre-noviciado,
tienen que someterse al mismo nivel de vida que los demás candidatos. Para los
que tienen una más amplia experiencia -o independencia- debido a su pasado, la
obediencia también puede ser difícil. Nuestro programa es un proyecto que
integra el deseo de servir al Señor y a los hombres y mujeres de hoy, en el
marco específico que ofrece la Compañía de Jesús.”
Padre Duy Anh, ¿qué le gustaría añadir para concluir esta entrevista?
“Mi experiencia es que podemos promover las vocaciones a la vida religiosa mostrando, quizá más con nuestra manera de ser que con nuestra actuación pública, la belleza de la opción de vida que hemos decidido llevar. Es así como tocaremos el corazón de los jóvenes, de aquellos a los que nos acercamos. Claro que también tenemos que apoyar a la familia, porque las vocaciones florecen en las buenas familias. Y tenemos que seguir rezando; Jesús mismo nos enseñó a hacerlo.
Para mí es un gozo y un consuelo ver los frutos de esta misión con los candidatos que la Compañía me ha confiado. Yo contribuyo modestamente a que los candidatos encuentren lo que Dios quiere de ellos. La mejor forma de servir a Dios es hacer lo que la Compañía me pide.”
Agradezco a Rogelio Nato, SJ, y a Minh Khôí, su
contribución a la preparación de estos artículos.
















