Reformar la Iglesia para el mundo de hoy
La Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos representa un momento significativo en la historia de la Iglesia. Entre los jesuitas participantes en el Sínodo se encuentra el P. Agbonkhianmeghe Orobator, SJ, que se tomó un tiempo para compartir su experiencia de este acontecimiento de un mes de duración.
El P. Orobator describe el proceso sinodal como una “remodelación” de la Iglesia, que invita a la reflexión, a la escucha y al espíritu de colaboración. Lo compara con una estructura en renovación. Al igual que los artesanos - arquitectos, soldadores y carpinteros - trabajan juntos para remodelar un edificio, la Iglesia implica a sus miembros con sus dones y talentos en este esfuerzo de remodelación. El objetivo no es necesariamente construir algo totalmente nuevo, sino crear una Iglesia que refleje mejor la visión de Dios.
Como africano, el P. Orobator afirma que la sinodalidad llama a la Iglesia dentro del continente a estar más atenta a sus problemas acuciantes, fomentando una Iglesia que escuche y responda a las necesidades del contexto heterogéneo. “¿Qué intenta enseñarnos el Espíritu, como Iglesia, en estos contextos en los que la gente vive y desarrolla su vida en África?”, se pregunta.
El P. Orobator señala que el momento penitencial que precedió al inicio de la Segunda Sesión del Sínodo fue significativo por ser un momento de humildad y un poderoso recordatorio de la fragilidad de la Iglesia. Insiste en que una Iglesia que escucha tiene que reconocer también sus fracasos para ser abierta, vulnerable y dispuesta a crecer.
En su calidad de Decano de la Jesuit School of
Theology en Berkeley (EE.UU.), el P. Orobator subraya que el proceso
sinodal debe continuar más allá del Sínodo, implicando a teólogos,
profesionales y feligreses en una conversación continua. Señala que todavía hay
cuestiones urgentes que deben afrontarse, y que la forma en que se aborden determinará
el futuro de la Iglesia. Todo ello, espera, contribuirá a hacer de la Iglesia
una “gran tienda” en la que todas las voces sean bienvenidas y escuchadas.







