Del corazón de Camboya al Vaticano: Una silla de ruedas para el Papa Francisco
En medio de los paisajes rurales de Camboya, un pequeño taller ha transformado silenciosamente la vida y el futuro de innumerables personas afectadas por las minas, las bombas de racimo y las secuelas de la guerra. Fundado en 1994, fabrica sillas de ruedas que mejoran la calidad de vida de muchas personas. Ahora, una de estas sillas de ruedas, nacida de esta misión de compasión, ha sido presentada al Papa Francisco, símbolo de la solidaridad del Papa con las muchas personas vulnerables de todo el mundo.
En la mañana del 23 de octubre, el P. Enrique Figaredo, SJ, Prefecto Apostólico de Battambang (Camboya), encabezó una pequeña delegación que se reunió con el Papa Francisco para entregarle una silla Mekong. La palabra “Mekong” alude al río Mekong, el más largo del sudeste asiático, que atraviesa Camboya.
Camboya es uno de los países más minados del mundo, por lo que las minas terrestres y los artefactos explosivos sin detonar constituyen una grave amenaza para la población civil, sobre todo en las zonas rurales. Como consecuencia, miles de personas han sufrido lesiones que les han cambiado la vida, como amputaciones y graves problemas de movilidad. Además, la pobreza y otros efectos de la guerra, como la falta de acceso a las vacunas contra la polio, empeoraron aún más la situación. Los discapacitados y los pobres, a menudo habitantes de aldeas remotas, quedan marginados, con pocas esperanzas de inclusión en la sociedad.
El P. Kike Figuaredo ofreciendo la silla de ruedas al Papa Francisco.
En respuesta a esta necesidad, la silla Mekong se creó en Camboya con la ayuda de Motivation International, como parte del proyecto Banteay Prieb, un taller a las afueras de Phnom Penh que fue establecido por los jesuitas. El proyecto Banteay Prieb funciona también como centro de educación técnica para discapacitados. Cuenta con el apoyo de organizaciones internacionales como Manos Unidas, Misereor y Obos, y durante 30 años ha servido de santuario para la curación, la dignidad y el empoderamiento.
La silla Mekong está diseñada específicamente para satisfacer las necesidades únicas de la población discapacitada de Camboya. Está hecha de madera sujeta a un armazón de metal. Tiene tres ruedas y está adaptada para soportar terrenos accidentados. Es la clave no sólo de la independencia física de muchos discapacitados, sino también de un renovado sentido de la vida, sobre todo en la Camboya rural, donde las infraestructuras son deficientes y quienes carecen de movilidad corren el riesgo de quedarse atrás. Para los niños, el acceso a la silla Mekong significa una mayor posibilidad de ir a la escuela, mientras que, para los adultos, la movilidad representa el acceso a los medios de subsistencia.
El Papa Francisco ha defendido continuamente la causa de la protección de los pobres y marginados. Al recibir este regalo, este gesto simbólico situará al Papa junto a los innumerables hombres, mujeres y niños que han recuperado su dignidad gracias a este sencillo pero significativo invento. La silla de ruedas, hecha a mano, encarna la resistencia del pueblo camboyano y el indomable espíritu humano que puede superar los horrores de la guerra. La presentación de la silla de ruedas es también un llamamiento universal a todos para que abracen la compasión, la curación y la paz.
Para el P. Enrique Figaredo, iniciador de este proyecto, las sillas Mekong, además de cambiar la vida de muchas personas, también “transforma la vida de las personas que entregan las sillas, porque se convierten en testigos del cambio que produce en muchas personas. Una silla devuelve la esperanza y ofrece una nueva visión de la realidad”. El jesuita también considera que las sillas de ruedas son una especie de “sacramento”: un signo externo que transforma interiormente la vida de quienes las reciben, abriéndoles las puertas de las oportunidades.
Cuando la silla de ruedas se presenta al Papa Francisco, lleva consigo las historias de innumerables supervivientes de la guerra, y la esperanza de muchos que han convertido sus historias personales de sufrimiento en una fuerza para el bien. El viaje de la silla Mekong desde Camboya hasta el Vaticano simboliza que, sin importar la distancia, la dignidad de toda vida humana es universal.







