Subsidiariedad: camino hacia la fortaleza
Encuentro de Superiores Mayores 2025
Con el Encuentro de Superiores Mayores en octubre de este año, hemos dedicado tiempo a explicar el papel de un Superior Mayor. En esa explicación sobre cómo se gobierna la Compañía de Jesús se encuentra la idea de “subsidiariedad”.
La subsidiariedad proviene de la doctrina social católica, pero está muy relacionada con la Compañía de Jesús. El principio fue elaborado en parte por teólogos jesuitas como Gustav Gundlach y Oswald von Nell-Breuning, que ayudaron a redactar la encíclica Quadragesimo Anno del Papa Pío XI, de 1931, que formalizó la subsidiariedad dentro de la doctrina católica.
En el núcleo de la subsidiariedad se encuentra la creencia de que las decisiones se toman mejor en el nivel más local, capaz de abordar eficazmente un reto o una oportunidad. Aunque esto suena como el principio de “los líderes locales toman las mejores decisiones”, tan popular en política, la subsidiariedad jesuita no se limita a la descentralización del gobierno. Para los jesuitas, la subsidiariedad no es sólo administrativa, sino también teológica y espiritual, basada en la creencia de que cada persona está dotada de razón, conciencia y capacidad de acción, así como de una formación permanente en el discernimiento de los espíritus. Reconociendo esto, a las personas y a las comunidades se les confía no sólo la decisión de lo que es más beneficioso, eficiente o conveniente, sino también de lo que mejor se ajusta al bien mayor de la Iglesia y de la Compañía de Jesús.
En las instituciones jesuitas – escuelas, universidades y apostolados sociales – la subsidiariedad fomenta una cultura de empoderamiento. Se anima al profesorado, al alumnado y al personal a tomar la iniciativa y discernir la mejor manera de responder a las necesidades y retos locales. Esto evita un modelo de gobernanza vertical y enfatiza la participación y la misión compartida. El compromiso jesuita con la cura personalis, o cuidado de la persona en su totalidad, refuerza este modelo al reconocer la dignidad y la capacidad únicas de cada individuo para contribuir de manera significativa al bien común.
La subsidiariedad también desempeña un papel fundamental en la labor de justicia social de los jesuitas. En lugar de imponer soluciones desde arriba, la subsidiariedad exige el empoderamiento de las comunidades locales para que articulen sus propias necesidades y elaboren sus propias respuestas. Este enfoque se ajusta al discernimiento ignaciano, que valora la reflexión, el diálogo y la capacidad de respuesta al contexto. De este modo, la subsidiariedad se convierte en una expresión de los principios más arraigados de la espiritualidad jesuita.
La estructura global de la Compañía de Jesús refleja aún más la subsidiariedad. Aunque están guiadas por un Superior General y un liderazgo regional, las Provincias jesuitas y las obras apostólicas operan con considerable autonomía, lo que les permite adaptar sus ministerios a las realidades locales. Esta estructura descentralizada refleja la creencia de que la misión se lleva a cabo de manera más eficaz cuando los líderes locales tienen la libertad y la responsabilidad de discernir y actuar en consonancia con los valores y prioridades generales de la Compañía.
En resumen, la subsidiariedad jesuita es un principio tanto práctico como espiritual. Confía en que las personas y las comunidades actúen de manera responsable, al tiempo que fomenta la colaboración y la rendición de cuentas dentro de una misión más amplia. Basada en la espiritualidad ignaciana y la doctrina social católica, fomenta una forma de actuar respetuosa y empoderante, que defiende la dignidad, promueve la justicia y construye comunidades inclusivas a través de la responsabilidad compartida.
Es esa subsidiariedad la que impulsa el Encuentro de Superiores Mayores. Por favor, recen por todos nosotros.







