La gracia en lugares olvidados por Dios

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En el centro del Este de Los Ángeles, se halla una pequeña casa cualquiera que alberga a los jesuitas de la Provincia del Oeste de los EE.UU. que viven y trabajan en el barrio. Llamada “Casa Luis Espinal” - en honor al sacerdote jesuita, poeta, periodista, cineasta y activista que fue torturado y asesinado por paramilitares de un escuadrón de la muerte en Bolivia. La casa es la morada de una comunidad de jesuitas al servicio ya durante mucho tiempo de la gente del Este de Los Ángeles a través de ministerios jesuitas como Homeboy Industries o Dolores Mission. Conocida por volver autónomos a los descartados por la sociedad y por dar incansablemente una voz a los ignorados, la Casa Luis Espinal es uno de los mejores ejemplos de jesuitas de la Provincia que han respondido a los llamamientos del Papa Francisco y del Padre General Arturo Sosa para exhalar el “olor de vuestras ovejas”: vivir y trabajar CON la gente que más necesita nuestro servicio.

Durante su visita a la Provincia del Oeste de los Estados Unidos, el P. General se realizó una parada en la Casa Luis Espinal para celebrar la Eucaristía y compartir el pan con los jesuitas de la comunidad. Hemos pedido al P. Brendan Busse, superior de la Casa Luis Espinal y vicario de la Dolores Mission, que dé a conocer sus reflexiones sobre la visita del P. General.

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Brendan Busse, SJ:

Si alguna vez nos preguntamos cómo todo puede girar mal, qué solos, qué aislados y qué cortados de los demás podemos llegar a estar, esta cita del evangelio de Marcos pinta el cuadro con un detalle sobrecogedor:

El hombre había estado habitando entre las tumbas, y nadie podía retenerlo más tiempo, ni siquiera con una cadena. De hecho, había sido atado frecuentemente con grilletes y cadenas, pero el hombre había roto las cadenas y los grilletes se rompieron, y nadie era lo suficientemente fuerte para someterlo. Noche y día entre las tumbas y en las laderas de las colinas siempre estaba gritando y golpeándose con piedras. (Mc 5, 1-20)

Enterrado. Encadenado. Viviendo entre los muertos. Gritando. Abandonado. Demonizado. Abandonado.

Éste era el evangelio del día en que el P. General Arturo Sosa vino a visitar nuestra comunidad. Después de visitar al Arzobispo de Los Ángeles, el P. General y sus acompañantes hicieron un corto trayecto en coche a través del Skid Row y pasaron el puente hacia Boyle Heights en el Este de Los Ángeles. En el camino, si hubiera mirado atentamente, habría visto miles de personas tan demonizadas y abandonadas, viviendo en las calles y bajo los puentes de una de las ciudades más ricas del mundo.

En inglés, usamos una expresión curiosa para hablar de lugares adonde preferiríamos no ir, o gente que preferiríamos no ver; los llamamos God-forsaken dejados de la mano de Dios. La frase expresa disgusto, asco o incomodidad. Un habitante urbano invitado a visitar una zona rural, podría lamentar la idea de pasar tiempo fuera de la ciudad - centro de comercio y cultura - y podría resistirse a ir a tal “lugar olvidado de Dios”. Como en muchos dichos, las palabras son a menudo más poderosas de lo que pretendemos. ¿Están estos lugares realmente abandonados por Dios? ¿Por qué formular tal juicio sobre ellos?

Los jesuitas son llamados regularmente a lugares definidos como “abandonados por Dios”. Sólo un rápido esbozo de mi propia formación revela muchos de estos lugares - refugios y hospitales para los sin techo, pueblos lejanos y campos de refugiados, las polvorientas pilas de una biblioteca de teología. Ser enviado a lugares olvidados por Dios es una curiosa misión para una comunidad que pretende buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Quizás se nos envía a estos lugares olvidados por Dios precisamente para este propósito: para probar que no es el caso. Vamos a los lugares supuestamente olvidados de Dios para encontrar y conocer a las llamadas personas olvidadas de Dios que viven allí y descubrir a Dios en ellas, realmente presente y plenamente vivo.

Los lugares más pobres de nuestro mundo nunca son tan pobres como para estar verdaderamente abandonados por Dios, pero ciertamente han sido profanados. El verdadero azote de la pobreza no consiste tanto en estar abandonado por Dios como en haber sido profanado por sistemas y estructuras, pecados personales y sociales de violencia, exclusión y explotación. La santidad de la vida se ve dañada o negada por la falta de compasión y cuidado. Lo que Dios creó en su bondad, lo hemos infectado de crueldad e insensibilidad.

El Padre Sosa visitó nuestra casa en el Este de Los Ángeles, Casa Luis Espinal, donde nuestra pequeña comunidad de jesuitas tiene el privilegio de realizar en la Iglesia de la Dolores Mission, su Proyecto Pastoral y Homeboy Industries. Nos reunimos alrededor de nuestra mesa de café y celebramos una sencilla eucaristía, compartimos una comida simple (el Padre Sosa elogió los “frijoles”), antes de organizar un encuentro familiar con algunos de nuestros residentes más “olvidados de Dios”, los Guadalupanos que duermen en nuestra iglesia todas las noches - hombres migrantes acogidos y devueltos a sí mismos.

Aquí, en este “lugar olvidado de Dios”, hacemos cosas sencillas - como nos recuerda el Padre General, los simples verbos de las Preferencias Apostólicas Universales son el meollo del asunto: compartimos, acompañamos, colaboramos, caminamos. El verdadero encuentro, el proceso de curación siempre comienza con una simple pregunta: ¿Cómo te llamas? ¿Cómo te sientes? ¿Adónde vas y por qué? No estamos salvando o cambiando a nadie, sino que simplemente estamos devolviendo a la gente a sí misma, devolviendo a la gente a su familia, devolviendo a todos a una relación correcta con los demás, al parentesco que Dios pretende.

Los lugares olvidados por Dios no existen y la gente olvidada por Dios aún menos. Sólo tienes que visitarlos para descubrir que esto es verdad. Acércate a esos lugares y a esa gente y simplemente pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” Los endemoniados serán devueltos a sí mismos, y la familia humana volverá a ser un poco más como Dios lo pretendía. Los muchos se convierten en uno, sin una sola persona abandonada a la auto-mutilación o al aislamiento, no una multitud tirándose por un acantilado como una piara de cerdos, sino más bien como una familia reunida, como un niño perdido regresado a casa.

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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
Communications Office
El Servicio de Comunicaciones de la Curia General publica noticias de interés internacional sobre el gobierno central de la Compañía de Jesús y sobre los compromisos de los jesuitas y sus partenarios. También se encarga de las relaciones públicas.

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