Orar por la paz

Por Gregory Sharkey, SJ | Provincia UEA (Este de los EE. UU.) – Secretariado para el Servicio de la Fe
[De la publicación “Jesuitas 2025 - La Compañía de Jesús en el mundo”]

¿Por qué orar por la paz si Dios, que vela por nuestros intereses, sabe lo que necesitamos? Las ideas de la tradición budista y la solidaridad entre todos nosotros, representada por la comunión de los santos en la tradición católica, ofrecen algunas respuestas posibles.

En un mundo afligido por la guerra y los conflictos se nos insta a orar por la paz. Que el mundo necesita paz es evidente; sin embargo, parece haber algo paradójico aquí. ¿Qué sentido tiene nuestra oración? Si Dios es todo amor y conoce nuestras necesidades mejor que nosotros mismos, Dios nos dará lo que necesitamos sin pedirlo, ¿no? Seguramente Dios no necesita ser persuadido para que nos cuide más de lo que un niño recién nacido debe persuadir a su madre para que lo quiera. Está claro que no oramos para “hacer cambiar de opinión a Dios”, ni para convencerlo de que sea más amable o más generoso. Eso parecería contradecir nuestra propia comprensión de Dios.

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Sin embargo, tenemos el ejemplo de Jesús, que oró por los demás y nos enseñó a orar por lo que necesitamos. Situamos las intercesiones en el centro de la liturgia, justo después de nuestra profesión de fe. Aseguramos a los demás que nos acordaremos de ellos en la oración, y confiamos en que esta oración tenga sentido y no sea un mero deseo.

En la oración auténtica elevamos nuestras mentes y nuestros corazones hacia Dios, por utilizar la conocida expresión de san Juan Damasceno. Volvemos nuestra conciencia hacia un Dios que siempre está presente. La oración en este caso es más una cuestión de escuchar y permanecer, y no tanto una cuestión de palabras. Nos esforzamos por dejar espacio para que el espíritu de Dios nos llene, desplazando las preocupaciones mundanas y centradas en nosotros mismos que suelen ocuparnos. En este espacio tranquilo y silencioso, podemos habitar en la constante presencia amorosa de Dios y dejarnos arrastrar hacia una unión más estrecha. ¿Cómo encaja este tipo de oración con la intercesión? ¿Cómo podemos tener una comprensión madura de la oración de intercesión que no sea una “transacción” en la que intercambiamos nuestra oración a cambio de paz, o curación, o cualquier bien que busquemos?

Durante la mayor parte de mi vida como jesuita he estado inmerso en el mundo del budismo, especialmente de la variedad mahayana. Observar la forma en que los amigos budistas entienden la oración me lleva a considerar mis propias creencias desde una nueva perspectiva. En lugar de prometer “rezar” por alguien o algo, hablan de “ofrecer aspiraciones”. Es decir, expresan una esperanza y traen a la mente una intención digna, mantenida dentro del deseo más amplio de cultivar la compasión universal.

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La aspiración budista más básica y universal se expresa en las palabras “que todos los seres sean felices”. Los budistas creen que todas las buenas acciones, pensamientos e intenciones de uno pueden generar un efecto positivo, conocido como mérito. El mérito puede dedicarse al bienestar y la felicidad de todos los seres, vivos y muertos. Esto, a su vez, tiene sus raíces en la creencia de que todas las cosas están interconectadas y son interdependientes. Todo lo que existe surge de causas y condiciones previas. El mérito generado por la generosidad, la buena voluntad y la compasión, por tanto, puede ser una influencia para el bien en este mundo.

Hay aquí una fuerte resonancia con nuestra propia creencia en la comunión de los santos, la unión de todos los creyentes, vivos y muertos, formando un solo cuerpo con Cristo como cabeza, y en el que “el bien de cada uno se comunica a los demás”, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica. La oración de los santos en la tierra se une a la “nube de testigos” que nos han precedido. Las peticiones específicas pueden proporcionar un foco para la oración. Sin embargo, adquieren su sentido en la permanencia constante en esta comunión de amor, en la que llevamos en el corazón las necesidades de los demás, de la Iglesia y del mundo mientras abrimos nuestro corazón y nuestra mente al Señor en la oración.

Paz
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Publicado por Communications Office - Editor in Curia Generalizia
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